30 abr. 2012

Cazadora Capítulo 23



Ya podéis matarme, agh, siento haber tardado en publicar este capítulo, pero los exámenes de historia me roban todo el tiempo del que dispongo :'(
Bueno, creo que este capítulo va a causar una irritación en algún lector, o adoración en otros ;) Así que bueno, no hablo más, os dejo con el capítulo.
Att. Patricia.
(L)
***

                      Tanto Kian, como Lyan y Natalia se habían quedado pasmados ante la actitud de Shena. Se preguntaban constantemente qué le habría ocurrido. 

Estaban preocupados, sobre todo Kian, puesto que todavía el Linch podía estar interesado en ella, aún no habían descubierto por qué él la perseguía, lo había estado atrasando porque sabía que para ella, era prioritario ganar ese torneo. Pensaba que ella no debería haberse ido así tan de repente, que podría estar en peligro, o incluso muerta.

Ya había pasado un día y en apenas veinticuatro horas la volverían a ver. Si no la habían capturado o asesinado.

Kian odiaba esa continua tensión de no saber qué ocurría. Deseaba haber subido él ha averiguar qué había ocurrido, puesto que Lyan no logró averiguar nada. Al menos se había llevado a Azkar con ella. Parecía un animal bastante intuitivo.

Seguía practicando con Natalia. Enseñándole a lanzar cuchillos y a mejorar su tiro con el arco. Poco a poco mejoraba, pero muy lentamente. Kian sabía que él no estaba hecho para enseñar, no tenía la paciencia necesaria. Apenas pudo ayudar en condiciones a Shena cuando trató de estimularla para que abriera su mente y descubriera sus elementos. Y Natalia se ponía nerviosa cuando no lo lograba, por eso cada dos por tres Lyan debía intervenir para evitar una pelea entre ellos.

Kian suspiró mirando al techo. Estaba tumbado en su cama, pensando en todo lo ocurrido y lo que ocurrirá. Reflexionaba sobre dónde podría estar Shena. En Phyro lo dudaba mucho. Ella no querría estar donde hubiese mucha gente. Así que el único otro lugar en el que podría estar sería en el bosque. Donde sería prácticamente imposible encontrarla.

***

El Hada de la Noche caminaba por el bosque, llevando a su lado a Faster, en cuya silla de montar iba sentado Azkar, jugueteando con un hilo suelto de una de las alforjas. Acariciaba distraída las crines del unicornio, que parecía contento. La verdad es que hacía mucho que no salía a cabalgar con él.

La noche anterior se había precipitado demasiado. Pero era necesario, cuanto antes mejor. Pasó la noche al raso, con Azkar acurrucado a su lado y proporcionándole calor. Recordó que apenas hacía dos meses estaba sola. Dormía y obtenía sustento de su alrededor, yendo muy de vez en cuando a los pueblos.
Shena vigilaba concienzudamente a su alrededor. Se habían instalado en un pequeño claro del bosque, apenas visible de lejos. Pero no dejaba de ser peligroso.

Sobre todo cuando recordó que el Linch podría estar aún cerca. Azkar trataba de relajarla, alegando que él podría protegerla como hizo la última vez. Pero eso no hacía más que preocuparla aún más, puesto que la última vez él salió muy mal herido. Quién sabe si la próxima vez podría morir. Ni siquiera su guardián es inmortal.

Tratando de alejar esos tétricos pensamientos alargó la mano hacia el felino, que le dio un húmedo lametón en la palma de la mano y provocó que ella sonriera ante el gesto.
Le había cogido cariño a ese animal. Alejaba la soledad que había sentido desde siempre.  Él era parte de ella.

Azkar la miró con unos brillantes ojos, adivinando sus pensamientos.

-A partir de ahora siempre estaré contigo. No volverás a estar sola.

Ahí Shena no pudo evitarlo. Se acercó a él y lo cogió en sus brazos, mientras el felino ronroneaba agradablemente.

Ella sabía que ya era hora de dejar de esconderse. Cada día se hacía más poderosa y más valiente. Pronto llegaría el día en que se enfrentaría a su pasado.

***

Kian no podía seguir tumbado en la cama. Apenas había conciliado el sueño en toda la noche. Y el cielo comenzaba a clarear según podía observar por la ventana.

Se levantó dispuesto a hacer lo que llevaba pensando toda la noche. Era ahora o nunca.

***

La Hija de la Noche dormía apoyada en un tronco, ensombrecida y protegida. Pero la luz del amanecer poco a poco la despojaba de esa protección, sin que ella lo notara. Estaba realmente exhausta. Azkar estaba dormido profundamente a su lado, confiando plenamente en ella.

La luz del sol acabó por bañarla, proporcionándole un agradable calor y alejando las sombras, pero ni siquiera eso llegó a despertarla.

Sin embargo, cuando notó que algo rozaba su mejilla soltó un grito de sorpresa y susto, nada propio de ella. Abrió los ojos sobresaltada y dispuesta a defenderse, pero a quien vio allí le sorprendió más que el susto que se había llevado.

-¿Kian? ¿Qué haces aquí? –preguntó, olvidándose por un momento de lo que se había propuesto, y luego cubriendo su asombro con una máscara de indiferencia.

Kian le miró un rato sin decir ni una palabra. Aún no había quitado su cálida mano de la suave mejilla de ella. Se miraron a los ojos un rato, hasta que ella acabó por apartar su mirada.

-¿Qué te ocurre Shena? ¿Por qué actúas así? –pidió saber Kian, apartando su mano para sentarse frente a ella, sin dejar de observarla.

-No me ocurre nada Kian. Siempre he sido una mujer solitaria, lo sabes. Y quiero seguir siéndolo.–respondió mordazmente, dejando claro que no quería que él estuviera ahí.

Un incómodo silencio volvió a reinar en el pequeño claro.

-De todos modos, ¿qué haces aquí? Dejé muy claro que tenía que irme.

-Sí, ya veo para qué tenías que irte. –gruñó él, mirando con una ceja levantada a su alrededor.

Eso sobrepasó la calma de Shena. Se levantó temblando de ira.

-¡Tú no sabes nada! ¡No tienes derecho a…! –comenzó a gritarle. Pero él se levantó y la abrazó con fuerza, sorprendiéndola.

-No, no se nada. Pero es porque tú no quieres decírmelo. Quiero ayudarte Shena, protegerte. Déjame hacerlo.-susurró sin dejar de abrazarla con fuerza.

Las emociones bullían en ella y Azkar se despertó por ello. Bufó sorprendido al encontrar esa estampa.

-Shena, ¿qué estás haciendo?-dijo su felino amigo.

-No lo sé, no lo sé.-masculló ella en voz alta, tratando de retener las lágrimas que amenazaban con caer por su rostro y delatarla.

-¿No sabes qué, Shena? –murmuró él, tratando de separarse un poco, para observar su rostro.

Pero ella no se lo permitió, correspondió al abrazo, dejando atrás la rigidez que tenía en su cuerpo, apoyando la cabeza en el pecho de él, ocultándole el rostro.

Una traidora y solitaria lágrima se derramó de sus húmedos ojos, cayendo con lentitud. Supo que Kian había notado algo.

En su vida nadie se había preocupado por ella. Nadie había tratado de hacerla feliz, de protegerla. Nadie había arriesgado su vida para que ella viviera como Kian lo había hecho al enfrentarse al Linch.

De improvisto, Kian la separó con fuerza de él, dispuesto a descubrir con todas sus fuerzas qué estaba pasando. Pero se quedó petrificado al verla llorar. Olvidando por completo lo que iba a decirle.

Irritada por ser tan débil, se quitó de un manotazo la lágrima y le dio la espalda a Kian. Le instó mentalmente al felino a que subiera a Faster, lo que él hizo sin rechistar y luego montó con rapidez sobre el unicornio, sin mirar ni una sola vez más a Kian.

-Nos veremos mañana al amanecer con los demás. No vuelvas a seguirme ni buscarme, Kian.-gruñó ella tratando de no atragantarse con las palabras, obligando a Faster a que iniciara un rápido galope, dejando atrás a Kian, a la calidez que había sentido al ver que tenía un buen amigo ahí, pero triste porque no podría corresponder esa amistad sin ponerlo en peligro. Maldecía la vida que le había tocado. Apenas veía el camino por el que corría el unicornio a causa de que las lágrimas que había estado reteniendo, fluían con libertad por su rostro desde le había dado la espalda a él.

Azkar la miraba, sin tratar de decir nada.  Sentía el dolor de ella y no sabía cómo tratar de consolarla, puesto que no había nada que pudiera decirle que alejara esa oscuridad que amenazaba con ahogarla. Había logrado entrever en sus emociones que una parte de ella quería quedarse con él, que él la protegiera. Y eso le había dejado descolocada. Así pues, simplemente se quedó a su lado, apoyando su decisión y sabiendo que mañana sería un día muy duro.

14 abr. 2012

Cazadora Capítulo 22


             Podría decirse que la semana de descanso que les habían permitido pasó rápidamente. Visitaron a Lyan en la enfermería hasta que al quinto día le dieron el alta. Gracias a las avanzadas medicinas que el noble había adquirido para los participantes, puesto que como él dijo: “el show debe continuar”.

En el tiempo libre entre visita y visita, Shena trató de encontrar a Leane, el hada que trató de matarla y fracasó gracias a la inesperada intervención de Aeris.

Quería…no, necesitaba sonsacarle la información que disponía sobre el desconocido que masacró a su corte. ¡Shena ardía con deseos de venganza!
Pero con sorprendente y exasperante facilidad, Lean esquivaba cada intento de entablar una “amigable” conversación por parte de Shena.

Hasta que ya a falta de un par de días de la última prueba y con la tranquilidad de que Lyan ya se había recuperado por completo, Shena cambió de estrategia.

El Hada de la Noche caminaba por la plaza del pueblo en la hora del almuerzo, bajo el protector velo de magia que hacía que sus llamativos rasgos azules pasaran por completo desapercibidos. Localizó a Aeris con relativa rapidez, puesto que su dorado pelo contrastaba bastante con el cabello oscuro muy común entre los duendes. Se encontraba en un puesto de armas.

Lo miró con atención, curiosa sobre qué iba a comprar, mientras caminaba hacia él esquivando a la gente apresurada que iba a sus casas o a un bar cercano a comer a tales horas. Cuando Aeris cogió un par de puñales de la amplia variedad que el afable vendedor le ofrecía, Shena se posicionó a su lado sin que él lo notara.
Ella misma se dedicó mirar las magníficas armas también. Había de todo tipo y tamaño, desde pequeñas y ligeras cuchillas hasta pesadas alabardas.

Señaló un puñal cuya pequeño mango rojo como la sangre le recordó al color que adoptaron los ojos de Kian cuando se puso furioso.
-Creo que ese te vendría bien.-comentó al fin, ganándose para su regocijo, una sorprendida mirada de él, luego Aeris fijó su mirada en el arma que había señalado y la cogió para observarla mejor.

-Exquisito gusto, señorita. Ése arma es única y letal, pequeña y ligera. Perfecta para un ataque desde lejos.-proclamó el vendedor, sonriente ante tan probable venta.

Tras mirarla detenidamente, Aeris levantó la vista hacia Shena, al mismo tiempo que le tendió el puñal al ansioso vendedor.

-Me lo quedo.-dijo mirando al hada con una enigmática sonrisa.

***

Pocas ganas tenía Kian de volver a luchar, a pesar de su ímpetu por obtener otra pieza más del tesoro de Flynn. 
Aún seguía preguntándose para qué trataba Shena de reunirlo. ¿Venganza? ¿Revivir a sus familiares y amigos? ¿O quizás algo más profundo y complicado?

A la vez, estaba algo preocupado también sobre el tema de la próxima prueba. ¿Sería mortal esta vez?

Todas esas preguntas sin respuestas y pensamientos se desenfocaron cuando vio pasar como una exhalación al Hada de la Noche que tantos calentamientos de cabeza le estaba dando. La notó realmente alterada.

Natalia, Lyan y Kian se miraron durante unos segundos. Los tres no pudieron evitar sobresaltarse ante el fuerte portazo que se oyó en el piso de arriba, probablemente del cuarto de ella.

-¿Qué…?-comenzó Natalia a preguntar, pero una mirada de Lyan la silenció.

-Iré a hablar con ella.-dijo en voz muy baja mientras se levantaba, sin hacer el más mínimo ruido de la silla.

Kian observó cómo Lyan subía las escaleras con silenciosos pasos para que Shena no tratara de evitar que él fuera. Se quedó mirando el lugar pasado un rato, pensando que quizás debería haber sido él el que tendría que haber ido a hablar con ella.

Pero dado el historial de sinceridad que había entre ellos, sería mejor que fuera Lyan. Ella lo hablaría con los demás cuando quisiera y se viera preparada para ello.

Miró a Natalia, que tenía la mirada fija en el fuego de la chimenea, estaba tan absorta que a pesar de que la llamó una vez, no lo miró. Así que Kian manipuló un poco el fuego, en formas antinaturales, de modo que sacó a Natalia de sus pensamientos.

-Perdón, ¿qué me decías?-murmuró automáticamente, sin pensarlo. A lo que Kian respondió elevando una de sus cejas y ella acabó adoptando un bello rubor.

-Decía que qué te apetecería hacer hoy.

Ella sonrió alegre.

***
Shena no sabía qué hacer ahora. Muchos años buscando el maldito nombre de ese asesino y ahora que lo conocía, no estaba segura de qué debería hacer.

Entró corriendo a la casa, pasando velozmente por el salón donde los demás estaban. Necesitaba ordenar sus pensamientos antes si quiera de decidir contárselo a los demás.

Se sentía impotente. Cerró con fuerza la puerta, sin malgastar un pensamiento en si podría haberla roto, y se tumbó boca abajo en la cama. Azkar no se encontraba por ahí, seguramente había salido a cazar, justo en el momento en que más lo necesitaba.

Suspiró impotente. ¿Debería reunir primero las piezas y hacerse más poderosa o ese tiempo que tardara le daría la oportunidad a él de mejorar también? Gritó de frustración, ahogando el sonido con la almohada.

Agradecía de corazón que Aeris se lo dijera. Él ni siquiera sabía cuánto le debía hasta ahora. 

Akallabêth Filarie. 

Su nombre estaba grabado a fuego en su mente junto con lo que Aeris le advirtió.

“-Ten cuidado con él, Shena. Se dice que ha de tener más años que todos los duendes juntos de esta región. Es realmente poderoso y desde su aparición para esa matanza, se desconoce su paradero.”

‹‹Maldito cobarde.›› Fue lo que pensó Shena al oírle decir lo último. ‹‹Ya va siendo hora de que pagues las consecuencias.››

Sin embargo, la voz de la razón le decía que antes debía fortalecerse, puesto que su enemigo ya ha tenido muchos años para acumular poder.

Oyó que alguien abría la puerta de su cuarto. Pensó que sería Kian, pero le sorprendió escuchar a Lyan.

-Shena, ¿qué te ocurre?-dijo él, preocupad. Sin embargo, Shena no debía contarle a nadie lo que había descubierto, “Ak” no debía enterarse de que ella ya conocía de su existencia.

Así que no le contestó a Lyan, tratando de hacerse la dormida, aunque sabía que él notaba que no.

Pasados unos cuantos minutos en incómodo silencio, él suspiró.-Sabes que si deseas desahogarte nos tienes a los tres.

Dicho esto, volvió a salir por la puerta, cerrándola tras de sí.

La cara de póquer que ella había adoptado para mantenerse fría calló en cuanto se cerró la puerta. No, no podía seguir siendo amiga de ellos. No quería que se vieran envueltos en el, más que probable, mortal enfrentamiento. No deseaba la muerte de los, hasta ahora, tres únicos amigos a los que había llegado a conocer bien.

Y con esto, Shena se propuso cambiar o debilitar el lazo que los unía a ella.
Un pequeño ruido la sobresaltó, se trataba de Azkar, que la miraba desde la ventana.

***

Oyó bajar a Lyan con pasos pesados, y a juzgar por la rapidez con la que había bajado, no consiguió que ella hablara con él.

Cuando se asomó por la puerta del salón y negó con la cabeza, Kian tuvo el presentimiento de que eso que Shena no quería contarles era algo malo. ¿Qué habría descubierto? ¿Algo de él?

Pensar aquello le puso tenso. No, imposible que hubiera averiguado algo. Pero había una posibilidad, por escasa que fuera, de que ella lo hubiera hecho.

Escuchó como Shena bajaba, y miró a los demás. Ella entró en el salón y se los quedó mirando un rato, con una cara impasible.

-He de irme, pero no os preocupéis, el día de la última prueba estaré allí con vosotros.-prometió sin rastro de emoción en su voz. Kian la miró, odiaba esa máscara que ella había adoptado. No dejaba que sus expresivos y bellos ojos azules transmitieran lo que pasaba por esa testaruda cabeza.

-Shena, ¿qué…?-comenzó él a preguntar, pero ella dio media vuelta y desapareció por la puerta, llevando consigo sus armas y escasas pertenencias, y con Azkar caminando detrás suya.

¿Qué acababa de ocurrir?

Natalia se levantó corriendo y se asomó a la puerta, pero no había ni rastro del Hada de la Noche.


Perdonad por la tardanza de este capítulo, algunos habréis leído la entrada anterior y comprendísteis el por qué, quiero agradecer tales comentarios a Gaby, Any, Kashmir y Pauline :) Vosotras y todos los demás seguidores sabéis que si alguna vez necesitáis algo y en mis manos está la posibilidad de hacerlo, nada más decírmelo por email o un comentario :)
No se por qué, hoy estoy algo melancólica, no logro explicarme a mí misma el porqué. En fin, no me enrollo más, traté de hacer este capítulo algo más largo como recompensa :$
¡Cuidaros mucho!
Att. Patricia

PD: ¿os gustó la imagen? Es la primera vez que trato de retocar una foto, nunca había pasado de eso de iluminarlas un poco xD así que ya veis, para mí cambiar el color de ojos, pelo y boca ha sido todo un reto  ;)

8 abr. 2012

¡Perdón, perdón, perdón!

Hola a todos mis queridos seguidores *-*

Primero de todo es perdir disculpas por mi amplia ausencia, pero con los exámenes finales y luego las merecidas vacaciones, en fin, no he podido ni escribir (un pecado, lo sé, me siento fatal). Lo que me consuela es poder ahora leer todos vuestros capítulos de golpe y así echar un buen rato ;) 
Obviamente no creo que pueda entretenerme demasiado en escribir un comentario, puesto que tengo que ponerme al día con todos los blogs, pero trataré de hacerlo.

También deciros que intentaré publicar la semana que viene (ya sabéis, el viernes o el sábado) y espero no defraudaros con el capítulo:)

En fin, ¿os lo habéis pasado bien estas vacaciones? Eso espero :D yo las mías ya se acabaron y mañana regreso a clase (¡horror!). Pero he estado una semanita en la playa, aunque haya habido un tiempo regular, no ha llovido demasiado :D Ya véis, estoy roja como un tomate, la muy tonta de mí olvidé la crema para el sol creyendo que con las nubes poco iba a quemarme... preguntadle a mi espalda que si quemaba hoy jaja u.u"

Con mucho cariño, 
Patricia