20 ago. 2012

Cazadora Capítulo 26


Dos días transcurrieron en los que Shena permaneció encerrada en su habitación.
Kian había intentado entrar en varias ocasiones, pero el extraño felino permanecía en el pasillo, frente a la puerta, bufando con mal humor y amenazante a todo aquel que se acercara.

Refunfuñando, Kian se alejó a la cuarta vez que el felino le bufó y amenazó enseñando sus garras.

Tarde o temprano ella saldría, se repetía una y otra vez. O quizás el felino tuviera que descansar. Ahí sería cuando él hablaría con ella y aclararía de una vez por todas lo que tanto la estaba separando del grupo.

***
El Hada de la Noche, en cambio, huía de Kian y de su promesa de contarle todo.
No, no podía contarle la verdad. No los expondría a tal peligro.

La noche del primer día tras el combate, salió adolorida de su cuarto, volando a través de la ventana. Dejó atrás a un malhumorado Azkar, ya que él seguía incumpliendo la promesa de que permanecería a su lado todo el tiempo, pero Shena se lo había pedido, rogándole, hasta que él tuvo que aceptar, aunque no de buena gana.

“-Dos días, Shena. Después me iré y te buscaré.”-le dijo él, gruñéndole y sin admitir un no por respuesta.

Él la encontraría con suma facilidad a través del extraño vínculo que entre ellos se había formado.

Shena había sacado a Faster en silencio de la cuadra, para luego colocarle la silla de montar y las alforjas un poco más lejos.
Tras terminar de equiparle y revisar sus cascos, trotaron adentrándose en el bosque.

¿Qué pasaría con el premio que tanto le había costado conseguir? Pues ella estaba segura de que Kian se quedaría con la pieza del Tesoro de Flynn que había en él, con lo cual, sus caminos volverían a encontrarse cuando ella tenga que conseguir esa pieza y la otra que él ya tenía de por sí.

***
A la noche del segundo día, Kian miró al pasillo, obligándose a mirar una segunda vez para convencerse de que el felino no estaba.

Con un mal presentimiento, él abrió la puerta, para tan sólo encontrarse con una vacía habitación. Tan sólo había una nota sobre la cama.

Aquí te dejo la llave que me entregaron en la primera prueba. La de la segunda la tiene Natalia y tú posees la tercera, con las cuales podréis abrir el cofre que contiene el premio del torneo.

Sé que te encargarás de quedarte lo que ambos queríamos, así pues solo te diré que nos volveremos a ver, Kian.

Hasta entonces, cuidaros mucho.
Shena.”


« ¿Huyes de tú promesa, Shena?» Fue lo que pensó Kian tras terminar de leer la carta. La arrugó en su mano, tratando de controlar su rabia. Supo que ya sería una pérdida de tiempo intentar seguirla, hacía mucho tiempo que se había ido. Y aunque estaba seguro de que el gato iría tras ella, sería incluso más difícil seguirlo a él.

Suspiró con pesar. Cogió la llave y bajó a hablar con los demás, echándole una última ojeada al lugar en el que Shena había estado durmiendo estos días.

«Nos volveremos a ver, no lo dudes.»

***

Shena continuó avanzando. Habían pasado tres días desde que abandonó el cálido lugar que casi se había vuelto su hogar. Añoraba la compañía de todos ellos, la soledad que ahora sentía se multiplicaba con creces al estar tan solo con el enérgico unicornio.
Azkar a esas alturas debería de haber emprendido su camino hacia ella, pero tardaría un tiempo en alcanzarla. Hasta entonces estaría sola.

Sólo rogaba porque el Linch no hiciera su acto en escena ahora. Realmente ella no sería capaz de enfrentarlo y derrotarlo, aún no. Y Kian no estaba ahora para ayudarla. Ella estaba sola.

Sola.

***

-¡¿Qué?! ¿Se ha ido? ¿Sin despedirse?-gritó Natalia en cuanto Kian les contó su descubrimiento.-¿Pero por qué? ¿Qué le pasa?

-No lo sabemos, si lo hubiésemos sabido la estaríamos ayudando, no quedándonos aquí mientras ella está ahí afuera sola. ¡Sola con un Linch tras ella!-gruñó Lyan con frustración.-Ni si quiera sabemos a dónde va, tendríamos que ir tras ella.-insistió él de nuevo, ya iba a tercera vez que lo decía, cosa que llamó la atención de Kian. ¿Por qué quería tanto ir tras ella? Lo miró de reojo antes de contestarle.

- Si se ha ido sin despedirse es porque no quiere que vayamos con ella, además, ella ha aprendido a cuidarse, Lyan. No es la misma persona que me trajo hasta tu casa. Ahora puede utilizar su magia. Tú mismo lo viste en el torneo. Aunque ni ella misma confía en sus habilidades.-murmuró Kian.-La volveremos a ver, no lo dudéis ni perdáis la esperanza.

Natalia salió subió las escaleras y dio un portazo al encerrarse en su cuarto.

Kian creía saber el porqué de su comportamiento: ella no esperaba que su “amiga” desapareciera así de repente. Le había estado cogiendo cariño y le hubiera gustado ir con ella. A él le pasaba igual.

No dejaba de preguntarse qué había provocado esa huída de Shena. Y más aún el que estuviera herida, ya que a pesar de las medicinas que le dieron al finalizar el torneo le ayudaron, tardaría unos días en recuperarse.

Tan sólo esperaba que sobreviviera hasta el día en que se vuelvan a ver.

***

Gimió al bajarse del dócil unicornio. Su hombro malherido aún le dolía. Se sentó apoyada en un tronco, dejando libre al animal para que pastara y descansara. Habían estado al galope casi una semana entera, apenas parando para descansar y comer un poco. Tanto él como ella estaban exhaustos.

La ciudad Edëneud se encontraba apenas a una milla de donde ella se encontraba. Edëneud es la capital del reino de los Duendes, de abundantes castillos alrededor de ésta y una gran fortaleza en el centro de ella, la hacía verse realmente impresionante.
Una gran cantidad de duendes, hadas y demás especies residían en ella, habiendo así una gran variedad étnica.

Había parado antes de llegar para cambiarse su sucia ropa de viaje por algo más cómo y fino, ya que la temperatura había aumentado varios grados desde que se marchó de Phyro.
Se había topado por el camino con un par de duendes desterrados, que son los que más salvajes son y los que atacan a los viajeros para devorarlos, en muchos de los casos, aún estando vivos. Igual que el que se encontró aquél día que conoció a Kian.

Kian.

Shena había pensado varias veces en él durante su viaje. Tratando de espantar así la soledad que sentía, pero con ello no hacía sino hacerse más notable. Esperaba que hubiera podido hacerse con la pieza del Tesoro de Flynn sin ningún otro problema.

Bebió con avidez del río que habían logrado encontrar, aprovechando también para limpiar las vendas que cubrían su herida. Debería de haberlo hecho hacía tres días, pero no encontró agua y no podía permitirse el derroche de la poca que en aquél momento le quedaba.
Esperó hasta que se secaron para colocárselas de nuevo.

Acarició la grupa de Faster con cariño antes de que con un leve batir de sus halas se colocara sobre la silla de montar.

¿Qué pieza del tesoro se ocultaba en ésta ciudad? ¿Le sería difícil hallarla?

No dejaba de cuestionarse tales preguntas todo el tiempo. Cuando pudo avistar la muralla que rodeaba la ciudad, se puso la capucha de su capa, aprovechando el esconder sus rasgos para poder volver a usar el un hechizo que cambió sus llamativos rasgos de Hija de la Noche por los de un Hada común de los Bosques. Ahora debería de pasar desapercibida, no quería acaparar la atención de la gente, y menos en una ciudad tan grande.

En la puerta que permitía traspasar las murallas se hallaban dos corpulentos duendes, que controlaban la larga fila de aldeanos y viajeros que querían entrar.

-Vamos, daos prisa u os cerraremos las puertas. Todos sabéis que al anochecer cerramos. ¡Id pagando para poder entrar de una vez!-gritó uno de ellos.

Acercándose e iracunda ante tal desfachatez, Shena apenas podía contenerse para contestarle al duende.
¿Pagar para entrar? ¡Habrase visto!

-Mamá, ¡han vuelto a subir el precio! Ahora son dos orlas de bronce por persona.-sollozó un duende pequeño abrazado a su madre.

Acercándose al hombre, la mujer le rogó:
-Señor, tan sólo nos quedan tres orlas de bronce, que es lo que ha estado costando hasta ahora, es todo lo que tenemos, por favor, déjenos pasar.

El hombre se rió en su cara.-No mujer. Dos orlas por persona o tendréis que pasar la noche a la intemperie.

Echando un vistazo a la cola de aldeanos que parecían estar en la misma situación que la madre, Shena se acercó hasta ellos, oyendo que la madre le pedía a su hijo que entrara sin ella.

-Yo pagaré lo que a ella y a los demás les falta.-Gruñó con firmeza, no dispuesta a tal injusticia.

-¿Eso es lo que quieres, preciosa?-se acercó el duende hacia ella.- ¿Y cómo piensas pagarlo? –se insinuó él.

Asqueada, Shena agarró de las alforjas lo que le quedaba de dinero y le tiró el pequeño saquito al hombre a la cara.

-Con eso será más que suficiente, y lo que quede será para los que mañana vengan y no tengan suficiente. Si me entero que no los dejas pasar a pesar de que te he dado más que suficiente, volveré, soldado.-Lo amenazó, dejando entrever su espada bajo la capa.

-En-entendido.-tartamudeó el hombre recogiendo del suelo el trozo de tela que contenía el dinero.

Entrando por fin a la ciudad que tan mala primera impresión que le había causado, pensó en dónde podría dormir ese día,  ya que no le quedaba nada de dinero. Hacía mucho que no se encontraba en esas condiciones. Suspiró con pesadez.

-¿Señorita?-oyó la voz de un pequeño.

Shena giró la cabeza hacia él. Era el rubio duendecillo que estaba con su madre en la cola. La mujer estaba detrás de él. Su cabello rubio le agradó y sus rasgos le resultaban levemente familiares.

-Muchas gracias por su ayuda. En verdad le agradezco todo esto. ¿Tiene un lugar en el que pasar la noche? Estaríamos encantados de que se quedara esta noche en nuestro humilde hogar.-dijo con una enorme calidez el duende que ante ella estaba.

-En realidad no me queda el suficiente dinero... aceptaré, si no es molestia, su oferta.-contestó con amabilidad Shena, agradecida con la joven.

-¡Genial!-gritó el pequeño, muy contento.

Shena le sonrió. La mujer comenzó a guiarla y el Hada de la Noche, viendo que el pequeño, que apenas podía tener más de 6 años, casi no podía andar por el cansancio lo cogió y lo montó delante de ella, sobre Faster.
Él estaba eufórico por ello.
Y le contagiaba esa alegría a Shena.

Llegaron pronto, ya que su casa estaba bastante cerca de la muralla, tal y como Shena esperaba. Cuanto más rico se es, se vive más cerca del gran castillo que se sitúa en el centro de la ciudad.

Bajó con suavidad al pequeño al suelo, bajando ella después. Ató al cansado unicornio en el lateral de la casa. Sabía que nadie se atrevería a robar un unicornio, ya que son unos animales muy fieles y agresivos cuando lo quieren.

Alegre, el vivaracho niño se acercó hasta su madre, quien abrió la puerta de su casa, y luego él entró gritando:
-¡Hermano, traemos a una amiga!

La mujer, con una pequeña sonrisa de disculpa se giró hacia el niño y le dijo:
-Leuren no se grita.-le regañó.

Shena entró siguiendo a la mujer de largo cabello rubio que seguía regañando al pequeño para encontrase allí al supuesto hermano.

Uno que no esperaba que fuera esa persona.
Él la miraba igual de sorprendido.

-¿Shena? ¿Qué haces tú aquí?


******
Ya que fue mi cumpleaños el sábado, me puse las pilas para poder traeros por fín otro capítulo. No os esperábais la "huída de Shena" ¿a que no?  e.e 
Bueno desde aquí quiero dar las gracias por vuestros comentarios. Me alegra mucho, no sabéis cuánto, que os esté gustando mi historia :') 
Sé que he sido un poquito cruel al dejaros justo ahí, pero quiero ver qué pensáis jaja :P

Un besito y trataré de publicar un poquito más pronto. <3

8 ago. 2012

Cazadora Capítulo 25 (Segunda parte)


Sin previo aviso, una luz deslumbró a todo el mundo.
Apenas duró unos segundos, pero fue suficiente para que pudieran ver, al abrir de nuevo los ojos, que el terreno de juego había sido modificado.

Ahora el suelo arenoso del anterior terreno de juego era pantanoso, con barro por todos lados. Los árboles, la tierra y el agua abundaban, en cambio, el fuego tan solo se podía ver en los extremos del terreno en un par de pequeñas fogatas donde el suelo estaba seco.

Kian maldijo, pues el fuego era el elemento que mejor podía manejar.

-Los participantes de este último combate que bajen de las plataformas y se sitúen en el centro del campo.-ordenó el comentarista sacándolo con brusquedad de sus pensamientos.

Cuando así lo hicieron, la voz de Julián II resonó por todos lados.

-Que dé comienzo el combate decisivo. Deberán tratar de derrotar a sus enemigos; aunque tan solo quede una persona del equipo y nadie más en pie, se declarará ganador a ese equipo. Pueden comenzar.-finalizó.

Nada más comenzar, Shena empujó con suavidad a Kian en dirección hacia donde el fuego estaba.

-Corre.-le susurró.

Y así lo hizo. Con Shena siguiéndolo de cerca, corrió como pudo a través del barro, que casi amenazaba con dejarle atrapado.
Atravesó un par de pozas llenas de agua y evitó, en la medida de lo posible, tropezar con las raíces de los árboles.
Se animó al pisar la tierra seca y firme y se acercó con rapidez al cálido elemento. Cuando miró detrás suyo no pudo localizar a Shena, alarmado, ojeó a su alrededor en busca de Alana o Rhons. Ellos aparecieron por un pequeño sendero, un poco más seco que el camino que él había utilizado. Sonreían y eso le inquietó.

-¿La princesita te ha dejado tirado? ¿Ha huido escondiéndose hasta que te derrotemos?-Se carcajeó el Hada de las rocas, acechándolo y caminando a su alrededor.

-Pobre Kian, tal belleza de mujer resultó ser una cobarde, ¿no?-añadió con crueldad Rhons.

Kian en vez de hacerle caso a los crueles comentarios, suspiró aliviado. No, no la habían atrapado mientras él corría. Así pues, debería de estar ensombrecida en alguna de las ramas de los árboles. Ella no era una cobarde. Les sonrió mientras echó una desapercibida mirada a su alrededor, pero le resultó imposible localizarla.

-Bueno, yo no diría tal cosa, amigos míos.-Masculló acercándose a los dos.

Justo cuando Rhons se acercó a Kian para atacarlo de frente, Alana trató de atacarle la espalda. Pero Shena saltó desde las sombras, gruñendo de rabia y aterrizó sobre el hada, que cayó de bruces en el suelo.

La muchedumbre que observaba el combate vitoreó y gritó, asombrados.

***
Shena aprovechó que Alana y Rhons estaban atentos al camino que Kian había trazado hacia su elemento para ocultarse en las altas ramas de los árboles, que le proporcionaban suficiente sombra para que no la pudieran ver.
Cuando pasaron corriendo cerca de ella y no la vieron, ella se puso en marcha.

Siguió avanzando por las ramas a toda velocidad, o la máxima que su hombro herido le dejaba, tratando de alcanzar a Kian que ya había llegado a su destino. Los otros llegaron justo detrás y ella se agazapó en las sombras, atenta y esperando el momento.

Sintió mucha rabia ante las palabras que ellos le estaban dirigiendo a él. ¿Cobarde ella? Nunca.

Apoyó los pies en el tronco del árbol, al ver que Alana se proponía herirlo. Con un grito de rabia aterrizó sobre una desprevenida Alana, que cayó al suelo ante su peso, Shena tuvo que reprimir un gemido de dolor por su herido hombro ante el brusco movimiento. Se acercó a su oído lo suficiente para poder susurrarle:

-Eres tú la cobarde al tratar de atacarle a él por la espalda, un movimiento muy poco noble, Alana.

Tras eso, se levantó, dejándola en el suelo. A su lado, Kian luchaba contra Rhons, quien parecía que podía manejar el fuego también.

Ella se quedó mirándolo un rato, un lapsus de tiempo que Alana aprovechó para ponerse en pie y acercarse corriendo a la pared de roca.
Alerta, Shena echó a correr para tratar de impedírselo, pero no pudo llegar a tiempo y la mano del hada tocó la rocosa pared.

Nada más hacerlo, la piel del hada se modificó. Adoptó las cualidades de la roca que había tocado; su clara piel se oscureció y se endureció muchísimo.

El Hada de la Noche maldijo, ya que ahora no podría vencerla simplemente a golpes.

-Ten cuidado con Alana, Kian. No sé cuánto tiempo podré manejarla.- le advirtió Shena con un murmullo en la mente de él.

Un fuerte golpe en el abdomen hizo que ella expulsara todo el aire de sus pulmones, dejándola sin aliento. Le había costado caro esa distracción.
Tosiendo y oyendo las carcajadas del hada, recordó que ahora que su piel se había endurecido, sus golpes serían tan duros como la propia roca.

Obligando al aire a entrar en sus adoloridos pulmones pudo volver a ponerse erguida.

Mirando al hada que ante ella se regocijaba de su dolor, trató de recordar lo que sabía sobre esta especie de hada, siempre atenta a los posibles golpes que ella tratara de darle.

Recordó perfectamente la grave voz de su padre cuando trataba de enseñarle ciertas lecciones que ella, a tan corta edad, creía inútiles.

“-Cuando un Hada de las Rocas adopta su forma verdadera, su defensa y ataque se hacen más fuertes, pero como aumenta su peso, la velocidad y la agilidad se reducen considerablemente.”

Esquivó como pudo un puñetazo que Alana le dio, esquivándolo por los pelos, pero pudo darle uno en el hombro que ya de por sí Shena tenía herido. Echándose hacia atrás, trató de aplacar el dolor y poder concentrarse en lo que su padre le explicó.

-La forma más eficaz de derrotarlos es mediante el elemento del agua, aunque un controlador de la naturaleza también sería útil para lograr inmovilizar o arrastrar al hada.”

Shena gruñó ante el recuerdo. Ni Kian ni ella podían manejar el acuático elemento, sin embargo, ella sí podía controlar un poco la naturaleza.

Con las últimas palabras aún resonando en su cabeza, trató de adentrarse en el cenagal, ignorando el punzante dolor de su hombro, para intentar alejar a Alana de Kian.

Saltando de raíz en raíz, que los árboles ponían a su disposición, fue hacia una de las pozas con agua que anteriormente había visto, con Alana siguiéndola de cerca.

Apenas a un par de metros de ésta, paró y se giró para encarar a Alana. Ella llegó sin aliento, ya que el estar de esa forma le complicaba el ir a través del barro.

-¿Ya te cansaste de huir, princesita?-se burló en cuanto logró recuperar un poco el aire.

Ni se molestó en contestarle. Shena levantó su mano y realizó un complicado movimiento para canalizar la magia que iba a emplear. Le costó hacerlo, aún no podía controlar tal cantidad de magia. Pero dio resultado.
Fuertes ramas se movieron de los árboles, rodeando al hada que miraba todo como si no lo creyera, con incredulidad.

-¿Crees que unas simples ramas me dejarán inmovilizada?-se carcajeó ella, y haciendo un movimiento de un brazo, las ramas comenzaron a crujir.

Con rapidez, el Hada de la Noche volvió a tratar de conjurar a la naturaleza, esta vez combinándola tanto como pudo con el aire, e intentó mover a la pesada Alana hasta la poza. Por desgracia el agua y barro no le cubrían más que hasta el pecho, pero estaría inmóvil por un tiempo.
En cambio, un huracán dio inicio allí, en el pequeño claro. Ése parecía ser el elemento de Alana. El Hada de la Noche logró apaciguarlo un poco, lo suficiente para que fuera soportable.
Shena gruñó, se sentía mareada. Había usado demasiada magia.
Apoyó su espalda sobre uno de los troncos, tratando de pedir energía, pero éstos habían usado demasiada y no podría matarlos al cogerles demasiada.

Se deslizó hasta quedar sentada en el suelo, agarrándose el hombro para tratar de reducir la pérdida de sangre y viendo a Alana que a su vez la miraba con furia.

Pudo ver a Kian asomar por entre los árboles, solo, sin Rhons persiguiéndole. Él miró sorprendido a Alana a través del fuerte aire, y Shena logró sonreírle cuando miró hacia ella antes de que perdiera la consciencia por el agotamiento.
Ya iban dos veces en un solo día.

***
Kian atisbó a ver cómo Shena alejaba a Alana del lugar. Supo que trataba alejarla de él y lo agradeció, puesto que antes debería derrotar a Rhons.

Y lo hizo, pero no sin llevarse unos cuantos golpes. Ya que no los habían declarado ganadores aún, supuso que Shena no había vencido a Alana. Preocupado, corrió por entre los árboles, rastreando el camino que habían seguido, algo no muy difícil ya que el Hada de las Rocas había dejado un rastro fácil.

Llegó a la poza, donde miró como pudo a Alana, pues el aire hacia que sus hojos lagrimearan. Shena había logrado enroscarla mediante ramas, lianas y hojas, para luego hundirla en el agua, junto con el fango de alrededor.

Miró a su alrededor, en busca de Shena y la vio sentada en el suelo, con la fatiga y el dolor reflejados en su rostro, sin embargo, ella logró darle una pequeña sonrisa antes de que sus ojos se cerraran.
Dividido entre acercarse a ella o finalizar el trabajo que no pudo terminar ella, optó por lo segundo.

Caminó hasta donde estaba Alana luchando por liberarse, pero ella no podía hacerlo por más que tratara.

Kian se preguntó el porqué. Hasta que recordó que el agua volvía su “peso roca” en contra de los de su especie. Echó una ojeada a Shena. Había sido muy inteligente y astuta.

-¿No se dijo que el combate terminaría cuando no pudieran luchar?-gritó Kian para hacerse oír por encima del estruendo que el aire hacía. Luego, señaló a Alana.- ¡Ella no se puede liberar, no puede seguir luchando!

Se acercó a Shena y la apoyó en su pecho, tratando de examinarle su herida. Dando a entender el punto de que no seguiría luchando.

Se oyó la risa del comentarista.
-De acuerdo joven Kian, entendemos tu opinión. El último combate ha terminado ¡Y menudo combate!

El campo volvió a brillar y cuando logró abrir los ojos de nuevo, tan solo había fina arena en el terreno.

-Que todos los participantes bajen de las plataformas.-ordenó el comentarista.

Natalia y Lyan corrieron en cuanto pudieron hacia ellos dos. Miraron preocupados a Shena, pero suspiraron con alivio cuando un duende se acercó con unas cuantas medicinas y vendas. Kian no se separó de ella y cuando le terminaron de curar y vendar, le cogió la mano. Oyendo de fondo a sus amigos, que le felicitaban por el buen trabajo que había hecho al derrotar a Rhons.

-Shena, despierta.-murmuró zarandeándola un poco. Ella abrió sus ojos poco a poco, aturdida, para luego centrar sus azules ojos en él.

-¿Cómo terminó? ¿Estás herido?-dijo preocupada, tratando de levantarse, pero él no la dejó.

-Gané, ganamos. Y ahora estate quieta, eres tú la que está herida.-gruñó él.

Ella se tranquilizó, dándole una suave sonrisa, para luego fijar su mirada en Lyan y Natalia, que a su lado la miraban ansiosos.

-¡Shena lo has hecho increíble!-gritó Natalia.-¿Cómo lo hiciste? ¡Eres tú la que no sabía usar magia! ¿Cómo pudiste manejar tanta magia?

-Sí, eso. ¡Nunca había visto nada igual!- exclamó Lyan.

Kian, viéndola abrumada ante tanta pregunta, calló a los demás. A pesar de que él mismo sentía curiosidad. Ya se enteraría después de los detalles.

-Ya habrá tiempo para las preguntas.

La voz del Noble resonó por el campo de juego, acallando a todo el mundo.

-Bueno, bueno. Vaya combates más entretenidos hemos podido observar. ¿No lo creen así ustedes? Como todos han podido ser testigos, el Equipo Dos ha ganado, felicidades. Se les dará el premio en una semana, tras dejarles descansar después de estos agotadores combates. Ya les comunicaré el lugar…-

El noble siguió hablando sobre el dinero de las apuestas y los ganadores de éstas, pero ellos dejaron de escuchar.

Shena trató de levantarse para que todos pudieran irse pero de nuevo, Kian no la dejó. La cogió en brazos, sin que ella apenas tratara de resistirse. Estaba agotada.

-Gracias.-susurró, acurrucándose contra su pecho.

Kian caminó, evitando moverla demasiado. Le gustaba sentir su calor contra él, el sentirla segura en sus brazos. Pero aún así, una parte de ella seguía resistiéndose a él, podía notarlo.

Y pronto pondría fin a ello.

*****


Hola :) Espero que os gustase este capítulo ya que por fin finalizó el Torneo Diamante :) A partir ahora la cosa va a cambiar bastante e.e 
Os sugiero que toméis en cuenta un personaje que aparecerá en breve, ya que, aunque posiblemente solo salga una vez en esta historia, será importante ;)

En fin, con mucho cariño espero vuestros comentarios. ¿Qué pensáis de Kian? ¿Cuál será su secreto? ¿No creéis que ha cambiado mucho su personalidad desde el principio de Cazadora

Aún queda historia y espero que sigáis estando aquí :) ya que vuestros comentarios me ayudan muchísimo a la hora de seguir escribiendo :') 
A los nuevos lectores que han aparecido espero que la historia os esté gustando al menos la mitad de lo que a mí me gusta escribirla :D

Cuidaros mucho<3 

PD. Desde ahora trataré de ponerme al día con los blogs e historias que tanto echo de menos. Empezaré a comentar en cuanto me ponga al día :) 

1 ago. 2012

De vuelta a la rutina + Cazadora Capítulo 25 (primera parte)

¡Hola! Mil perdones por la tardanza, pero las vacaciones en la playa han tomado mucho de mi tiempo. Sin embargo, he vuelto con más fuerzas que nunca y con mucha acción ;)
Aquí os dejo la última parte del Capítulo 24 (el último que publiqué, para que no os perdáis demasiado)
Un beso y que disfruten de la lectura :)

Ate. Patricia Ávila

"-Damas y caballeros, aquí tenemos a nuestros participantes.-se oyó la voz de un hombre en todos lados.-en el equipo número uno tenemos a Filianel, Rhons, Freen y Alana. Y en el equipo número dos podéis ver a Kian, Lyan, Natalia y Shena.-explicó, dando un especial énfasis en el último nombre, acaparando la atención del público, que la miró con curiosidad y evidente incertidumbre.- Sí, aquí está la última Hada de la Noche, seguro que hará un buen trabajo.-añadió para fastidio de Shena.

Kian aún no le había soltado la mano y ella le dio un pequeño apretón, inquieta. Él bajó la mirada hasta la de ella, tranquilizándola. Y ella pudo sonreírle levemente. Kian le guiñó un ojo y luego le soltó la mano. Encarando al público.

-Las apuestas quedan abiertas y el primer combate se decidirá en breve.-añadió el Noble. Su ronca voz resonó por todo el terreno, causándole un ligero escalofrío. Y llamando la atención de la gente.

Estaba nerviosa, preguntándose quién lucharía primero.

Una gran tabla dorada apareció en mitad del terreno, de forma que todos pudieran verla. Había dos columnas, para el equipo uno y el dos y luego cuatro filas, para los combates.

-Como todos sabrán, las elecciones de los combates son totalmente al azar. Veamos quién combatirá primero.

En la tabla apareció escrito en la columna del equipo uno que lucharía Freen. Se trataba nada más y nada menos que aquél que había mirado mordazmente a Shena. Y en la columna del equipo dos, el nombre de Natalia apareció, dejando un mal sabor de boca a Shena. Él parecía el más mortífero del grupo.

Se acercó a ella y con convicción le susurró al oído lo siguiente: -Ganarás, sé que eres capaz de eso y mucho más.

Natalia la miró con una gran calidez reflejada en sus ojos antes de bajar de la elevada plataforma y situarse en mitad del terreno de juego con gran determinación.

-Las apuestas para este primer combate quedan cerradas. ¿Ganará el equipo uno, o el dos? Se decidirá enseguida.

Shena observaba tensa. Natalia parecía tan pequeña ante aquél duende. Él la miraba con evidente diversión, pensando seguramente que sería realmente sencillo. Pero Lía no lo dejaría ganar con facilidad, era dura de pelar.

-Que dé comienzo el primer combate.-anunció Julián II. Tras sus palabras, sobre el terreno apareció todo lo necesario para un buen combate con magia. Estaba todo pensado, hasta que los árboles tuvieran las ramas altas y finas para que no se pudieran arrancar y usar como arma. Muy bien organizado. En la zona central había un gran lago, en los laterales distintos árboles y diversas fogatas repartidas por el resto del terreno.

Natalia se abalanzó sobre Freen, pillado por sorpresa ante la ferocidad de ella y llevándose una buena patada en el estómago.

Shena sonrió. No había armas, pero el cuerpo a cuerpo sí que se le daba bien a Natalia, muy astuta.

Después, antes de que él pudiera atraparla, voló cerca de una de las fogatas y el lago. El Hada de la Noche se preguntó qué pretendía.

Pero sabía una cosa, si el Noble quería espectáculo, con Natalia lo tendría."

FIN DEL CAPÍTULO 24

CAPÍTULO 25
Natalia tanteó el terreno lanzando pequeños conjuros que Freen deshacía con un leve movimiento de su mano. Con perspicacia, ella se acercó al lago, alejándose de Freen, quien acabó por acercarse a ella furioso. Al verlo tan cerca, ella dudó. Y él aprovechó para lanzarle una esfera de fuego que ella esquivó con facilidad saltando hacia él y aprovechando el impulso para darle una buena patada en el lateral de la cabeza, lo que pilló por sorpresa a Freen, que cayó por inercia al suelo.

Shena, que miraba atenta al combate, no pudo evitar carcajearse ante ello.
 
El duende se levantó con lentitud y escupió un poco de sangre, para luego mirar a la sonriente Natalia con unas ansias de matar que apagó un poco la felicidad de ella.

Sin que ella pudiera notarlo y lograr esquivarlo, una ráfaga de aire la arrastró hacia él y luego Freen le propinó un fuerte puñetazo en el abdomen.

El Hada de la Noche observaba el intercambio de golpes y ataques de magia con evidente ansiedad. Se podía ver a simple vista que poco a poco, Natalia se estaba agotando, mientras que el duende seguía tan fresco como al principio, a pesar de los numerosos golpes que Natalia le había dado. Si ella no lograba terminar pronto el combate, perdería.

Una repentino y dolorosa presión en la cabeza provocó que Shena dejara de prestar atención al combate, teniendo que cerrar los ojos ante el fuerte dolor. Se sentía realmente mal y no estaba si no empeorando.

Lyan se acercó hasta ella al oírla gemir levemente de dolor, y se arrodilló a su lado.

-¿Qué te ocurre?

-No lo sé.-admitió ella a media voz.- Necesito salir de aquí, Lyan.-Respondió ella y sin una palabra más, caminó un poco inestable hacia el duende que se encontraba a cargo de la plataforma en la que se encontraban.

-Señorita, si se va, se arriesga a que durante su ausencia si no está y le toca luchar en el siguiente combate, se le declarará perdedora de éste.-le advirtió él con seriedad, tratando de hacerle entender lo complicado del asunto.

El Hada de la Noche asintió, eso no le preocupaba pues estaba segura de que el noble no permitiría que la declararan perdedora, ya que la mayoría de la gente que allí se encontraba gastando su dinero y viendo los combates, esperaban ansiosos verla luchar a ella, la última hada de su clase.

Extendió sus alas y voló hasta un pequeño túnel que casi pasaba desapercibido a simple vista y que le permitió alejarse de la vista de toda esa gente.
Puso los pies en el suelo con dificultad, se sentía como si le estuvieran dando martillazos.

Recorrió el oscuro túnel apoyando la mano en la pared hasta que empezó a ver borroso el camino que debía seguir. Preocupada por quedar desprotegida, alcanzó con su mente la de Azkar.

-Ayúdame.- le logró pedir justo antes de que la oscuridad se cerrara a su alrededor al caer inconsciente, dándose con un fuerte golpe contra el suelo.

En el vacío de su mente, oyó una fuerte y cruel carcajada.

-Pronto serás mía.- prometió una oscura voz, antes de que esa presencia desapareciera por completo.

-¡Shena!-gritó Azkar en su mente.

Ella abrió levemente los ojos, lo suficiente para poder verlo a su lado, con una de sus oscuras patas apoyada en la marca que él mismo le hizo.

-Te trató de controlar para llevarte con él.-susurró el felino, temblando ligeramente. Shena alzó la mano izquierda y lo acarició un poco, tratando de tranquilizarlo.

Shena no necesitó que le dijera quién. Supo que había sido Akall, el asesino de todos los de su clase.

Gruñó al moverse para sentarse. Le dolía el hombro derecho, sobre el que seguramente había caído al desmayarse.

El dolor de cabeza ahora era apenas una ligera palpitación.

-¿Cómo…?-empezó ella a preguntar, pero él le interrumpió.

-Comenzaste a luchar contra su control desde el principio sin darte cuenta. Pero él es poderoso y poco a poco ganó terreno. No logro comprender cómo pudiste aguantar tanto tú sola.

Otro pensamiento le llegó, alarmándola, y desechando el mal genio que le provocó que él la subestimara.
-¡¿Cuánto tiempo llevo aquí?!

Su felino amigo bufó con humor, viendo por lo que ella se preocupaba y bajó la pata que tenía apoyada en ella.

-El suficiente para que el combate de Natalia terminara y el de Lyan comenzara…

Sin dejarle terminar, ella se puso en pie tan rápido como su adolorido cuerpo le permitió y caminó hacia el terreno de juego.

-Presiento que tú lucharás después, en el tercer combate. Estaré en las gradas, observándote.-Prometió antes de desaparecer por un pequeño hueco en la piedra.

-Muchas gracias Azkar, por todo.-logró decirle ella justo antes de que la luz del terreno de juego casi la cegara.

Obtuvo como respuesta un reconfortante y suave ronroneo que la acompañó hasta que estuvo situada de nuevo en la plataforma.

Kian apareció delante de ella a una velocidad increíble, con una mueca de furia apenas contenida.

-¡¿Dónde has estado?!-preguntó casi gritando. Al mirarlo, pudo distinguir un poco de preocupación en sus ojos.-Podría haberte tocado y hubieses perdido sin ni siquiera luchar, idiota.-gruñó.

Dándole una leve caricia en su mejilla derecha, Shena pasó a su lado y se dirigió hacia una cabizbaja Natalia que estaba sentada en el filo de la plataforma, con sus pies colgando, y que observaba fijamente el combate de Lyan. El Hada supuso que ella había perdido.

Aún sin contestarle a Kian, se sentó al lado de Natalia pensando en qué le podría decir, cómo averiguar qué había ocurrido, pero ella comenzó a hablar sin que Shena tuviera que preguntar.

-Me rendí. Fui una cobarde.-susurró ella, apenas conteniendo un sollozo.

Shena cogió la mano de ella e hizo que apartara la mirada del combate y la fijara en ella misma.

-Freen es el líder del grupo. Él es fuerte en la magia, tú lo eres en el combate cuerpo a cuerpo. Hiciste todo lo que pudiste y te retiraste sabiamente al ver que no podías continuar.-paró para quitar una lágrima que caía por su sonrosado rostro.-No podrías haber hecho nada más, no te culpes. Además,-se acercó a hablarle al oído.- adoré cuando le diste aquella patada en la cabeza que casi hizo que perdiera el combate.

Con eso logró que Natalia riera con suavidad al recordarlo, la liberó de la laguna de culpabilidad en la que ella misma se había metido, para que luego ambas dirigieran sus miradas al combate que ante ellas continuaba.

***

Kian miró al hada que estaba sentada al lado de Natalia. ¿No quería contarle lo que había estado haciendo durante ese tiempo en el que había desaparecido? Pues él se lo sonsacaría tarde o temprano.

Recordó cómo Lyan le contó preocupado lo que había ocurrido antes de que ella se fuera. Cómo él mismo la oyó gemir de dolor, causando que se preocupara. ¿Preocuparse? No, él necesitó saber qué le estaba causando tal dolor, ya que ella nunca se quejaba, y poder ayudarla.
Sin embargo, ella desapareció dejándolo con la palabra en la boca, tal y como acababa de hacer de nuevo al aparecer de vuelta.

¿Creía ella que no podía ver la herida que levemente sangraba en su hombro derecho? ¿Cómo trató ella de esconder su dolor cuando Natalia la abrazó agradecida de sus palabras?

Él pensó que a veces, esta hada no podía evitar ser amable con quien lo necesitaba, cómo se preocupaba de los demás, pero trataba siempre de ocultarlo. Por miedo, ¿quizás?
Kian la iba conociendo un poco más. Y llegaría el día en que ella finalmente confiara plenamente en él. Como casi lo había hecho dos días atrás, cuando le dejó que la abrazara. Aún no podía comprender por qué lloró ella. Aquello lo dejó realmente con un mal sabor de boca. Ansió sacarla de aquella tristeza y dolor que tanto la atormentaba, pero si ella no abría a los demás, ¿cómo llegar a conocerla realmente para poder ayudarla?

Aunque aquello bien podría ser lo que ella pensaba de él. De aquél grupo, tan sólo Lyan conocía su “secreto”. Nadie más que quedara vivo lo sabía. ¿Seria él capaz de contárselo a ella alguna vez?

Envuelto en sus pensamientos, decidió sentarse al lado de Natalia, cogiéndole de la mano y observando divertido cómo Shena miraba, por un leve momento, la unión de sus manos.

La multitud de gente miraba atentamente el combate que se desarrollaba a sus pies. Lyan estaba demostrando sus grandes conocimientos sobre magia, dando un impresionante espectáculo. Lo que seguro que contentaba al noble.

Lyan había demostrado ser capaz de manipular tanto fuego como agua, algo bastante incompatible, pero muy poderoso.
En cambio, el duende contra el que luchaba, Filianel, usaba el aire y el fuego.

En este combate era prácticamente imposible adivinar un ganador. Ambos habían evitado el combate cuerpo a cuerpo, lo que beneficiaba a Lyan y probablemente al otro duende también.

A lo largo del combate, ambos iban desgastándose por el largo tiempo de estar usando la magia. Cuando Filianel tuvo que apoyar una de sus rodillas en el suelo para mantener el equilibrio, Lyan avanzó con rapidez, a pesar de sus temblorosas piernas, y logró asestarle un puñetazo en pleno rostro que dejó fuera de combate a Filianel.

Kian sonrió, ese era Lyan. Siempre haciendo cosas que uno nunca se esperaría.
La multitud estalló en gritos y aplausos, en cuanto el duende calló al suelo de espaldas. Se declaró a Lyan como ganador y lo ayudaron a subir a la plataforma.

Miró cómo Natalia y Shena se acercaron con rapidez, ayudándolo a sentarse más o menos en el centro de la plataforma para evitar que en el caso de que se desmayara por agotamiento, se cayera de la plataforma. Se pusieron a hablar de lo bien que lo había hecho, animándolo y haciendo que él sonriera.

Kian dirigió su atención de nuevo a la voz que se retransmitía por todo el terreno y las gradas.

-¡Muy buen combate! ¡Espectacular! Y ahora como Lyan ganó, cada equipo lleva una derrota y un combate ganado. Así pues, es hora de seguir, el tercer combate ha de comenzar. Y ahora que la mitad de esta prueba del torneo ha terminado, el terreno de juego cambiará. Algo que no sabréis hasta que comience…-

Kian dejó de prestar atención. El terreno cambiaría, ¿dejarían de estar disponibles todos los elementos? Esperaba que no, porque si no se dificultaría mucho. Tan sólo quedaban por salir Shena y él. Esperaba que al menos hubiera un poco de naturaleza para el elemento que ella lograba controlar.

La tabla en donde salían los combates apareció de nuevo en el centro del terreno. En el equipo número uno apareció el nombre de Rhons y el de Alana. El duende que quedaba, el que parecía más imperturbable de todos y el hada que había en el grupo. De pelo negro y ojos verdes, observaba todo con un leve interés. En el equipo número dos, se vio el nombre de Shena junto con el suyo.

Confuso, Kian volvió a prestar atención al comentarista:

-Como habréis visto, este último combate será en parejas. Ha sido un pequeño cambio de última hora, señores. Pero esto no lo hará si no más interesante. Por favor, que los participantes que han salido permanezcan un momento en la plataforma hasta que el terreno sea modificado.-pidió.

Kian se acercó al borde de la plataforma, esperando a que Shena se separara de Natalia, quien le dio un pequeño y rápido abrazo causándole, sin que ella lo supiera, más daño en el hombro herido. No pudiendo evitar una pequeña mueca de dolor, Shena logró  ocultarla de Natalia, sin embargo, Kian pudo verla.

Cuando ella se acercó finalmente a él, la agarró del brazo que no tenía herido para que le mirara.

-He visto que estás herida, Shena. Aquí y ahora vas a prometerme que tras este combate, me contarás lo ocurrido y lo que provocó que te fueras de la casa el otro día.-casi le gruñó él, mirándola con firmeza.

Ella le miró fijamente durante un momento, notablemente indecisa sobre el tema.
-De acuerdo.-asintió finalmente, dirigiendo su mirada hacia el terreno de juego.

Una fuerte luz los deslumbró, obligándoles a cerrar los ojos.