24 dic. 2011

Cazadora Capítulo 13

 Una vez pasaron unos segundos y pudo obtener el suficiente oxígeno, Shena buscó la luz. Caminó por la oscuridad, evitando pequeños huecos del suelo gracias a su aguda visión nocturna.

Estaba tensa, atenta al menor ruido. Finalmente llegó a donde provenía la luz. Se trataba de una pequeña llave. Algo temerosa, se acercó a coger la llave.

“Tres llaves somos, una por cada prueba.
Para poder continuar
más bolas de luz que los otros
deberás capturar.
Y sólo un compañero te podrá ayudar.”

Shena escuchó todo esto atenta, cuando cogió la llave. Estaba templada al tacto. Tras cogerla, todo alrededor suyo se iluminó. Y pudo observar cómo Kian, Natalia y Lyan se acercaban a ella sonrientes. Si pensaban que todo había terminado mal iban.

-Rápido.-gritó cuando a lo lejos observó que el otro equipo estaba también escuchando lo que la llave le decía.- ¿quién corre más rápido de vosotros?-demandó.

-Yo.- Admitió Natalia desafiante.

-De acuerdo. Debemos sólo tú y yo coger todas las bolas. Cuanto más rápido mejor y luego depositarlas ahí.-dijo señalando un pequeño altar.- Todo esto antes que aquél equipo.-casi gritó señalando al otro grupo.- Yo iré a por las que no están por donde puedas correr, con lo que tendré que volar. ¡Venga!

Ambas se pusieron manos a la obra. La zona en la que se encontraban era como un cañón, rodeado por completo por paredes de pura piedra, y solo la parte que pegaba a la pared tenía un suelo por el que poder correr.

Había muchísimas brillantes esferas, pero lo bueno es que al cogerlas su tamaño disminuía. A unos escasos metros estaba un duende volando desesperada por coger la última que había en el aire. Pero Shena era más veloz. El viento, sin que ella lo pidiera, desvió a la mujer, que desconcertada y furiosa la miró mientras ella obtenía esa esfera.

Siguió volando hasta la opuesta zona, a la vez que observó cómo corría Natalia. Era veloz como ella había dicho y con suaves movimientos. Pero todavía le quedaba un buen trozo por coger. Así que empezó por el final de su camino, mientras le comunicó mentalmente que diera media vuelta que ella acabaría lo que quedaba, para que depositara en el pedestal todas sus bolas.

Posó sus pies y casi inmediatamente empezó a correr, con lo que por poco, al pisar mal una piedra suelta, se cae. Las bolas flotaban a una distancia fácil de coger, a la cintura más o menos.

Avanzaba casi histérica mientras observaba al duende del otro equipo que a su vez iba también cogiendo algunas bolas y la miraba. Shena iba algo adelantada, pero ella necesitaba poner más distancia. Dando largas zancadas se lanzó a por la última brillante esfera, pero esta no era como las demás, esta se movía y su luz en vez de ser azulada, era roja dorada. Pero no le complicó demasiado a Shena. La persiguió corriendo y al pasar delante de Kian, le lanzó las bolas que había conseguido, que no eran pocas, mientras corría a por la última esfera que quedaba sin recoger. Otra persona, la mujer de antes, corría detrás de ella por alcanzar la esfera también.

Harta, se agachó y pegó un buen salto, a la vez que alargó lo máximo posible el brazo, capturando por fin la dichosa bola. Pero demasiado había saltado y no esperó el aterrizaje. Sus rodillas dieron de golpe contra el suelo, seguidas de su cadera y poco después logró apoyar la mano, evitando darse se boca. Adolorida, cojeó a donde los demás la esperaban y le lanzó la esfera a Natalia, que la colocó rápidamente en el montón.
Después de esto, el rojo dragón que antes la echó de la primera parte de la prueba apareció y soltó un agudo gruñido, extraño para una raza tan magnífica Y ante sus ojos, el dragón pasó a ser un hombre, un duende para ser más exactos.

-La prueba ha terminado, por favor esperad con paciencia a que el jurado llegue.-dicho esto, se quedó allí, vigilándolos.

Lyan se acercó a ella, sacando de una pequeña bolsa atada su cinturón, un ungüento sospechosamente parecido al que ella le aplicó a Kian cuando estaba herido. Eso le iba a doler.

***

Kian todavía estaba impactado por la pequeña acrobacia de Shena. Se había arriesgado a romperse cualquier hueso a la velocidad a la que iba. Se sintió increíblemente aliviado cuando la vio ponerse en pie sin grandes dificultades.

También debe admitir que se preocupó muchísimo cuando vio caer a Shena sin remedio alguno cuando el dragón le dio un zarpazo, pero la prueba debía seguir como Natalia le recordó. Y confiaba en que ella sobreviviera. Así fue.

Miró mientras Kian curaba las leves heridas de Shena con mucho cuidado y respeto, sabía que ella odiaba que la trataran ahora de forma diferente y eso divertía a Kian.

Esperaron pacientemente a que  llegaran los jueces. Tras un tenso momento los declararon ganadores de esa prueba y se les permitió quedarse con la llave que había conseguido Shena. Ésta junto con las otra dos, que obtendrán si ganan las siguientes pruebas, abrirán el cofre que contendrá el premio del torneo.

Por decisión unánime, el jurado, que contaba con unos tres miembros, declaró al equipo de Kian vencedor tras contar y recontar las bolas de cada equipo. Resultó que la bola rojiza contaba como diez de las normales, lo que les ayudó a ganar.

Salieron de aquél inhóspito lugar por un pasadizo que había estado oculto hasta ahora. El equipo que perdió caminaba por detrás de ellos con una mortificada expresión en sus rostros. Habían pagado todo ese dinero para perder en la primera prueba. Después de recorrer el oscuro túnel, salieron al exterior, donde sorprendentemente era de noche.

Habían pasado mucho tiempo encerrados allí y ni se dieron cuenta. Natalia mostraba en su rostro alegría mezclada con una expresión engreída. Lyan tenía una gran sonrisa en su rostro, pero Shena en cambio estaba impasible.

***

Shena por su parte estaba algo preocupada. Debería haber podido capturar aquella maldita cosa roja sin problemas, pero acabó desollándose las rodillas y recibiendo un fuerte golpe.

Notó que Kian la miraba, pero pasó por completo de él, concentrada en no mostrar su verdadero aspecto ahora que estaban en la penumbra, porque se había acostumbrado a dejar que sus azulados ojos adoptaran la vista nocturna  cuando esto ocurría, pero si hacía eso ahora, acabaría descubriendo su secreto delante de todos estos desconocidos.

Fijaba su mirada en cada paso que daba, hasta que salieron al exterior, alejándolos del viciado aire de ahí dentro.

Era de noche, ella lo había notado antes de que salieran por la energía que le llegaba de la Luna, que había aumentado.

Reunieron a todos los grupos poco a poco, conforme todos acaban sus respectivos enfrentamientos. Después apareció el noble y comenzó a recitar los nombres de los equipos que pasarían a la segunda prueba. Shena se permitió sonreírle cuando al nombrar su nombre, la miró. Él le sonrió de vuelta, mientras nombraba a Kian.

-Enhorabuena a los que pasasteis la prueba y a los que no, otro año será, no os derrumbéis. Este año habéis comprobado los que participasteis en años anteriores que esto ha cambiado por completo. Nada será como antes.-añadió mirando a cada uno a los ojos.- La siguiente prueba será en una semana, el jueves a primera hora de la mañana en el ayuntamiento deberéis estar. Ahora podéis iros y descansar, la siguiente prueba es la más complicada de todas.-terminó diciendo, tras lo que se despidió y subió a su caballo que le esperaba a su lado.

**********
Para todos vosotros/as mis querísimos seguidores :) Lo hice yo misma..(creo que os dísteis cuenta ya) y espero que os guste y bueno, lo dicho: ¡Feliz navidad y próspero año nuevo! :D

16 dic. 2011

Cazadora Capítulo 12

 Ya vamos por los 49 seguidores :) 
Deciros que ya empieza la acción por fín, espero que os guste.

Cuatro días ya habían pasado desde que Kian despertó, los tres días siguientes para el comienzo del torneo fueron algo incómodos. Natalia y Lyan no sabían ya cómo tratar a Shena y esto a ella no le gustaba, quería que la trataran como siempre, a pesar del mal humor de Natalia, es parte de su ser.

-Mañana a primera hora debemos presentarnos en el ayuntamiento. Así que habrá que despertarse antes del amanecer.-señaló Shena durante la cena.
 
Todos la miraron afirmando esto y algo nerviosos.

-¿En qué consistirá la primera prueba?-preguntó Natalia a Shena.

-Lo dirán cuando nos presentemos allí, puesto que creen que así será más interesante.

-De acuerdo, entonces será mejor irnos a dormir cuanto antes.-comentó Kian, levantándose de la mesa y cogiendo su plato y vaso.

Los demás se levantaron e imitaron y cada uno se fue a su respectivo cuarto.

Kian caminó tranquilamente, a pesar de que la verdad es que estaba realmente nervioso por el torneo. ¿Sería demasiado peligroso?

Entró en su cuarto y no encendió la luz, simplemente decidió acostarse cuando antes y descansar para lo de mañana. Iba a hacerlo cuando captó un ligero y casi imperceptible movimiento seguido del característico perfume de Shena.

La localizó en la barandilla del balcón de su cuarto, en un precario equilibrio y mirando a la luna.
Se acercó a ella. Si había ido a su cuarto era porque quería hablar con él. Salió al balcón y apoyó sus manos en la barandilla y la miró. Había dejado caer su ilusión desde que se dio a conocer a Lyan y Natalia, su oscuro pelo parecía casi negro y sus ojos estaban plateados de la luz de la Luna. Esperó en silencio, si ella quería hablar, lo haría cuando quisiera.

-Kian, quiero que sepas que te agradezco que a pesar de todo no les dijeras nada a Lyan y Natalia sobre mí. Y que aún así, confío en ellos. Natalia puede ser muy…desagradable conmigo, pero sé que es buena amiga, a pesar de que ni lo haya intentado conmigo. Y Lyan es un caso aparte, pero me fío de él, por ahora. Tú…te conozco desde algo más de tiempo que a ellos y aunque decidieras no comentarme nada sobre ti, por todo lo que has estado demostrando eres digno de confianza. Puede ser que luego acabe lamentándolo, o puede que no.

Kian escuchó algo atónito lo que Shena le iba contando. Cada vez que hablaba con ella, descubría algo nuevo. ¿Shena confiaba en él? Puede que sí acabara lamentándolo…pero no hasta dentro de un tiempo.

-Trataré de no defraudarte, Shena.-señaló Kian, dirigiendo su mirada a ella.

Pero algo en la actitud de Shena cambió de golpe, sin que él supiera el por qué. Kian odiaba no saberlo, normalmente, cuando algo así le pasaba, era mala señal.

-Te dejaré descansar, mañana será un día muy duro, buenas noches Kian.- dijo con rapidez, pero sinceridad, mientras de un salto bajó al suelo y se ocultó entre las sombras, perdiéndola de vista.

Kian suspira y se queda un rato más en el balcón, pero empieza a refrescar y decide entrar a acostarse.

***
Poco antes del amanecer fueron  a las cuadras en las que estaban los caballos y unicornios. Shena tenía allí a Faster y Yitan puesto que fue a por ellos cuando se inscribió en el Torneo Diamante, lo que casi acabó con sus ahorros. Azkar se tendría que quedar en la casa, porque los animales no podían participar. La noche anterior estuvo discutiéndolo un rato con él, pero finalmente accedió a regañadientes.

Empezó a salir el Sol y la Luna se retiraba, dejando de suministrarle poder a Shena, aunque aún seguía ahí.
Por el camino no ocurrió nada y cuando llegaron a la plaza, había numerosas personas. Demasiadas.
Este torneo no sería tan fácil como ella pensó.

Un silbido sonó y todo el mundo giró hacia el sonido. Sobre un improvisado escenario, el alcalde, que Shena había conocido al ir a inscribir al grupo, junto con otro hombre, esperaban a que todo el mundo callara.

-Queridos participantes, como ya leyeron y se informaron, este año el Torneo está a cargo del noble Julián II, por lo que las pruebas él mismo las ha preparado. Serán distintas de las de todos los años, os lo puedo asegurar.-afirmó el viejo duende, mientras señalaba al supuesto Julián II. Él es un duende a juzgar por sus rasgos. Su largo pelo ondulado castaño cayendo cuidadosamente hasta su cintura. Shena podría decir que él lo cuida mejor que ella.

-La primera prueba comenzará en breve.-comenzó a hablar el noble.-Tendréis que resolver un pequeño enigma y habrá un pequeño problema de por medio para evitar que lo resolváis fácilmente, cuando lo terminéis, os llevará a otro lugar, allí os explicarán otro paso. De los diez grupos que empezáis esta prueba, sólo cinco la pasarán. Nuestro alcalde os acompañará al lugar de la prueba y yo la supervisaré. No están permitidas las armas, pero sois libres de usar vuestra magia. Buena suerte a todos.-terminó de presentar la prueba Julián II, mientras se retiraba.

<<Un hombre atareado. >> Pensó Shena, observándolo.

Todos los participantes dejaron sus armas y caballos o unicornios en el ayuntamiento, porque así lo pidió el alcalde. Después lo siguieron a través del bosque hasta que llegaron a una pared de piedra natural, con cinco cuevas. Cada una de las cuevas se dividía en dos partes.

Por sorteo, el grupo de Shena entró en la tercera cueva y el segundo pasillo de ésta.
Estaba iluminado por magia por lo que simplemente caminaron hasta el final de éste, sin ningún inicial problema, porque era suficiente ancho y alto para caminar cómodamente. Lo hicieron en silencio, oyendo unos fuertes gruñidos al final del túnel.

Llegaron hasta una pequeña sala en la que las paredes había algunas inscripciones…en lenguaje feérico. Solo Shena lo podía leer a juzgar por las caras que sus compañeros pusieron.

-“Quien esta prueba quiera superar,
éstas piedras juntas deberá colocar
en la siguiente sala en el suelo
sobre un rompecabezas 
que deberás superar
para porder continuar.”

Recitó Shena, tratando de añadirle un rima que no logró del todo lograr.

Había seis piedras en el suelo. Lyan y Kian cogieron dos cada uno y ellas una cada una.
Entraron en la supuesta “sala” que resultó dar al exterior. El rompecabezas estaba al filo que daba a un abismo a juzgar por la oscuridad. Natalia soltó con descuido la piedra en el suelo, ocasionando un eco que retumbó mucho. Shena se tensó, aún no había aparecido la “complicación” de la que el noble les habló. Pero no tardó en aparecer, o darse a conocer.

Una bocanada de fuego les llegó de golpe, pillándolos desprevenidos. Pero gracias a Kian, se libraron de una muerte segura, a juzgar del calor que éstas a su alrededor desprendían.


Shena no perdió tiempo y fijó su mirada en el rompecabezas. Observó huecos, como si de un puzle se tratara y ahí estaba, tan sólo debían hacerlo sin que las llamas los tocaran. O el dragón les diera un zarpazo. Shena miró sus rojos ojos con desafío.

Puso al corriente de todo a los demás y rápidamente empezaron a colocar las piedras. Cuando Shena iba a colocar la penúltima, un fuerte golpe la sacó de su punto de apoyo, mandándola al abismo.

Shena caía y caía, pero no se permitiría morir. Con ayuda del aire y sus alas logró disminuir la velocidad de la caída hasta que se quedó suspendida en el aire. Miró a su alrededor, hasta que un diminuto punto de luz llamó su atención.
Voló ahí y apoyó sus pies por fin en tierra. Estaba exhausta, sus alas no podía más.

10 dic. 2011

Cazadora Capítulo 11


Kian observó realmente impotente cómo Shena salía de la cocina y después oír unos ruidos en su cuarto, para luego escuchar el portazo de la puerta de atrás. No pasó por alto la sonrisa de Natalia ante esto. Pero era cierto lo que habían estado hablando, apenas si conocía a Shena de un mes y aunque el Hada se ha hecho un buen hueco entre sus amigos, no es para confiarle el mayor de sus secretos, ni el de nadie. Tampoco los demás pondrían su vida en juego por ella, no saben nada. Pero se prohíbe contarles nada de su naturaleza. Es un secreto muy peligroso y cuanto menos gente lo sepa, mejor.

Kian estaba incómodo. El silencio continuaba en la cocina y vio que Lyan miraba la puerta de atrás como impidiéndose ir con ella. Kian bufó, lo que atrajo la atención de Lyan a él, que lo miró con una irónica sonrisa.


Cerró los ojos y levantó la mirada al techo. Esta sería un día muy largo. Sobre todo con Natalia, esta duende no puede dejarlo en paz. No tiene ganas de hablar con nadie, pero se quedaba para no mosquearlos. Dirigió su mirada a la puerta de atrás y soltó un imperceptible suspiro.
***
Subió las escaleras rápidamente y cogió un par de mantas lo suficiente abrigadas. También metió los dulces que logró obtener de la cocina en una bolsa y con Azkar en brazos, bajó con todo velozmente, no iba a salir sin su espada, daga y arco, y salió de la casa. Aunque no pudo contenerse de dar un portazo.

Cuando estuvo fuera, Azkar saltó al suelo ágilmente, parecía curado de la herida de la pata, que era la más leve. Comenzó a caminar y la miraba, quería que le siguiese. Sin otra cosa más que hacer, Shena lo siguió. Estaba segura que no lo llevaría a una trampa ni nada parecido, no después de que ella lo curara. Los gatos son muy fieles aunque no lo parezca y agradecidos también.
Se adentraron en el bosque, Azkar la condujo, guiándola hacia una densa zona de árboles, hasta llegar a una diminuta zona sin árboles, pero el techo estaba cubierto de las ramas de los árboles que los rodeaban.

Azkar se sentó sobre sus cuartos traseros y esperó hasta que Shena, tras mirarlo durante un rato, lo imitó.

No sabía lo que este extraño animal haría.

Se miraron a los ojos durante un buen rato, él parecía sondearle el alma a Shena y se veía complacido con lo que veía. En cambio Shena no obtuvo nada de sus enigmáticos dorados ojos. Luego con sorprendente agilidad, saltó a su regazo. Lo acarició mientras sentía que el suave ronroneo que le relajaba de la incómoda situación a la que se había enfrentado en la cocina. Nunca lograrían confiar en ella, pero de Kian no lo esperaba. De Natalia lo apostaría, Shena tenía una teoría de por qué la odiaba y Lyan es un completo misterio, tal y como lo es el gato que ahora ronroneaba contento.

De nuevo ese lametón. Gruñó de dolor, un dolor como si le estuviera rañando y perforando la piel, mientras como acto reflejo empujó al gato fuera de su regazo. Se sentía mareada, todo se volvía oscuro. Si algún peligro acechaba… ¿la protegería este animal que le había ocasionado esto? Lo miró mientras todo se cerraba a su alrededor, éste frotó su suave mejilla con la de Shena, instándola a tranquilizarse y mirándolo, dándole un voto de confianza lo hizo.

Shena miró a su alrededor, todo estaba oscuro, no veía nada. Por lo que actuó su parte hada de la noche que de golpe se encontró con la mirada de Azkar.

-Por fin, estaba deseando hablar contigo- oyó sorprendida la inhumana pero acogedora voz del felino en su cabeza.

-¿Qu-qué eres tú?-preguntó algo asustada.

-Son un guardián, protejo a quien me han ordenado proteger, en este caso a los posibles descendientes del trono de Hada de la Noche. Y por todo lo que he estado observando, tú lo eres. Eres la princesa.-terminó mirándola fijamente.

-Bu-bueno sí.-Shena se odió por ese tartamudeo, odiaba ser un Hada de la Noche, odiaba que su familia muriese.- pero no pretendo darme a conocer Azkar, no estoy preparada.

-Lo sé, para eso estoy aquí. Supe que no tuviste tiempo de aprender lo esencial y yo estaré a tu lado para protegerte de cuanto pueda.-afirmó.

-Entonces es verdad, tú eras aquella pantera, la que me salvó.-exclamó ella.

-Sí…lo siento, debería haber llegado antes, pero confié en que el híbrido ese te protegería, pero el Linch lo superó… o quizás no quería mostrarte todo su poder.-pensó Azkar.

Shena no quería hablar de ello.

-¿Puedes explicarme esto?- pidió señalando su muñeca, en la que  estaba la marca del arañazo negro.

-Eso te marca como mi protegida y nos permitirá comunicarnos después de que despiertes de esto. También te otorgará otros poderes…que ya te iré comunicando.

Shena acarició la marca.

-Entonces… ¿harás conmigo mi viaje en busca de las piezas?-preguntó finalmente.

-Sí, y trataré de protegerte.-afirmó.- Y antes de que lo preguntes, no, no sé por qué el Linch te perseguía, tampoco sé quién o qué mató a tu familia y compañeros aquél día. Pero juro que te ayudaré a vengarlos cuando llegue el momento.-juró con los ojos brillantes.

-¿Por qué no estabas aquél día con mi familia?-preguntó Shena sin poder contenerse.

-Tu madre me había mandado a cuidar a una pequeña Hada de Fuego. Cuando volví no encontré superviviente alguno… pero el pacto no había sido disuelto, por lo que he estado buscando a la única Hada que sobrevivió. Tú.-comentó mirándola a los ojos.-Lamenté mucho la muerte de tus padres, tenían un corazón muy puro.

Shena desvió su mirada, se ponía muy triste al hablar de sus padres.


-Y no me fío de los duendes, Shena. Cuídate de ellos, sobre todo de Kian. Es un mestizo, pero no logro olfatear de qué tipo. Sangre de duende fluye por su sangre, eso sí. Y también algo de hada, pero no logro adivinar cuál.

-Gracias por el consejo…será mejor que volvamos. Los demás se preocuparán. Me alegro que por lo menos pueda confiar y hablar contigo Azkar. Por cierto, ¿no te importa ese nombre no?-preguntó dudosa.

-No, es más, me gusta.-comentó el con deje burlón.”

Shena cerró los ojos un segundo y cuando volvió a abrirlos, se encontraba de nuevo despierta, con Azkar mirándola con una pequeña sonrisa gatuna. Le acarició por detrás de las orejas mientras se levantaba.

Comieron algo y para el anochecer volvieron a la cabaña. Las luces no estaban encendidas por lo que allí no había nadie. Shena no se preocupó, volverían pronto. Y entonces, los afrontaría. Incluso diría su secreto, ya es hora de darse a conocer y a respetar. No dejará que la insulten ni menosprecien más.

Se sentó en el sofá del acogedor salón cuando oyó los característicos cascos de Yitan, puesto que había aprendido a diferenciarlos, también se oía otros cascos, seguramente de Lyan. Estaba segura de que Natalia estaría montada con Kian y que Yitan no estaba feliz con ello.

Azkar se sentó en su rodilla, mirando hacia la puerta. El primero que entró fue Lyan, que inmediatamente dirigió su mirada hacia ella, algo sorprendido. Después entró Natalia, que la miró como siempre y finalmente, Kian. Natalia iba a ir hacia la cocina, pero un bufido de Azkar le hizo dar media vuelta y entrar al salón.
Quizás temía más a Azkar que a ella… aunque eso cambiaría pronto.

Se sentaron apretujados en el sofá frente a ella, ninguno quería sentarse con ella. Bien por ellos.

-Quería deciros que odio cuando la gente habla a mis espaldas, si tenéis algo que decirme, soltadlo de una vez.

 Antes de que acabara de hablar Natalia se había lanzado a hablar.

-Pues sí que tenemos problemas contigo Shena, no podemos confiar nuestras vidas en ti. Y Lyan capta en ti un conjuro de ilusión, la verdadera Shena no es la que estamos viendo.-explicó con odio y rencor.

Que Kian no hubiese dicho nada de ella a pesar de la situación lo agradeció, de dio una pequeña mirada a cambio. Luego se levantó.

-¿Queréis saber quién soy? Pues luego no lo lamentéis.-comentó con ferocidad mientras desechaba la ilusión, dejando su verdadero aspecto expuesto.

Los ojos de Natalia y Lyan se abrieron desmesuradamente, aunque Natalia trató de disimularlo. Kian por su parte actuó también como si no lo supiera hasta ahora.

Se habían quedado sin palabras. Casi podía oír los engranajes de las cabezas pensando.

-Sí, vuestras conjeturas son acertadas. Soy un Hada de la Noche, única sobreviviente del ataque. Por eso me oculto. Entrenándome para poder enfrentarme en un futuro al que mató a toda mi familia. Lo que debéis de comprender es que hay que mantener esto en secreto.-argumentó Shena.

-Creo que lo comprendemos Shena, actuaremos con disimulo. Nos damos cuenta de la muestra de confianza que nos has dado dejándote expuesta de tal manera y trataremos de evitar tanta desconfianza hacia ti.-comentó Lyan, que todavía la miraba impresionado, aunque Natalia no parecía compartir esa opinión.-Por mi parte, esto es algo que no esperaba que fueras, pensaba que toda tu raza había desaparecido, extinguido.

-Pobre de Shena…sola en este mundo.-comentó sarcásticamente Natalia.

-Ya no…ya no.-admitió Shena, acariciando a un ronroneante Azkar, sonriendo sinceramente.

7 dic. 2011

Cazadora Capítulo 10 (segunda parte)


Kian y Natalia volvieron al salón, donde continuaron hablando, pero Kian no podía concentrarse en lo que ella le decía. Seguía pensando en Shena, demasiado últimamente. Y también en el extraño animal que trajo consigo. No desprendía la energía que un animal común posee, es diferente, nunca la había sentido así. Lo que no dejaba de preocuparlo menos.

-¿Kian, me estás haciendo caso?-exclamó empezando a enfurecerse Natalia.

-Tranquila Lia, estoy algo ausente últimamente, todavía no me recuperé del todo de las heridas.-admitió añadiendo una escusa, a la vez de usar su apelativo cariñoso, y no enfadarla más. Por alguna razón, Natalia no se llevaba bien con Shena, a pesar de los intentos de esta última por no enfurecerse ante lo que la otra le hacía.

Lo de la cena lo había molestado hasta a él. Añadirle ese condimento al guiso es algo que nunca hubiese esperado de Natalia. Shena debe estar pasando algo de hambre, o quizás comió algo del bosque y se encontró con el gato. Cerca de donde había ocurrido el enfrentamiento con el Linch y donde según ella… un puma negro se le cruzó y la salvó. Un puma negro como el gato herido que Shena está cuidando. Ahí encajó todo para Kian.  Pero todavía no sabía qué tipo de ser es. Aparentemente cuida de Shena, algo que a juzgar por los enemigos que tiene detrás, no le viene del todo mal.

-En seguida vuelvo Natalia.- Comentó Kian, que a juzgar por el ceño fruncido de Natalia, ya debía saber dónde iba.

-Está bien, pero quizás cuando bajes no estaré aquí y me habré ido a la cama.-comentó con una pizca de desprecio. Kian la miró sin una pizca de sentimiento reflejado en su rostro y  se encaminó hacia el cuarto de Shena.

La luz no estaba prendida, con lo que pensó que estaría dormida ya. Aún así no aguantó el impulso de  verla dormida, siempre era él el que se dormía antes y cuando se despertaba ella ya no estaba. Abrió la puerta con cuidado, maldiciendo interiormente cuando emitió un pequeño crujido. Dirigió su mirada a la cama, donde Shena estaba tumbada, con sus brazos alrededor del afortunado gato, quien también dormía profundamente, con su cabeza apoyada en el pecho de Shena.

Observó que estaba destapada, así que cogió una manta que había en el suelo cerca del sofá y la tapó con ella. Se removió un poco, pero no despertó.

Echó un último vistazo a Shena y se estremeció cuando el felino fijó sus relucientes ojos amarillos en él. Inquieto, salió de la habitación. Le vino a la mente otro pensamiento, ¿dónde estaba Lyan?

Mientras, el gato se acomodó y cerró de nuevo los ojos.

***
Un ronroneo la despertó. Sonriendo acarició al gato que en sus brazos desprendía un agradable calor. Al tocarlo, el animal maulló feliz. Shena soltó una carcajada. Pero cuando el gato le lamió una parte de la muñeca, un dolor atroz recorrió su cuerpo a partir de esa zona. Asustada, alejó su mano del animal, que la miraba expectante.

Observó de cerca su muñeca, ahí donde el gato había pasado su lengua, un especie de tatuaje como el de un arañazo negro había quedado grabado en su piel. Con precaución, pasó un dedo suavemente sobre la marca, ni siquiera se notaba al tacto. Verdaderamente como un tatuaje.

Confusa, miró al gato. Este no era un gato corriente.

-¿Qué…?-empezó a preguntar, pero el gato soltó un pequeño bufido antes de que los interrumpiera el sonido de la puerta abierta. Y miró con desprecio a la puerta.

Natalia se asomó por ella, sin ni siquiera mirarla, cosa que agradó a Shena porque le dio tiempo a esconder la marca. También estuvo a punto de reírse al observar el notable rencor del gato hacia Natalia.

-El desayuno está listo.-comentó ella con voz ácida.

-De acuerdo, ahora bajo. Gracias.-exclamó, Natalia cerró tras de sí la puerta con un portazo.

Le sorprendió que fuera Natalia la que subió a despertarla, pero pensó que quizás Kian lo había hecho así no fiándose de dejar a Natalia con la comida y que pudiera echarle algo extraño. Suspiró mirando a su gato. Supuso que tendría que quedárselo.  

-Habrá que ponerte un nombre.-estuvo pensándolo un rato.- ¿Qué tal Azkar? Creo que significaba veloz y si mis sospechas son correctas, eres el puma que me rescató, ¿cierto?-en ese momento Shena se dio cuenta de que estaba hablando  con un animal, que no podía contestarle, se sintió idiota.

Pero los ojos dorados de Azkar transmitían inteligencia. Y la sorprendió cuando lentamente, asintió.

Le sonrió y lo agarró en sus brazos, cuidando no hacerle daño en las heridas.
-Vamos a desayunar, debes estar hambriento.

Bajó suavemente las escaleras, intentando hacer el mínimo movimiento y hacerle daño a Azkar. Pensaba que quizás el nombre era raro, pero iba con él, y a él le gustaba, que es lo más importante.

Como siempre bajó guiándose por el olor. Olía a chocolate. Entró a la cocina y se sorprendió al encontrar a todos sentados serios, alrededor de la mesa de la cocina, incluido Lyan. Radicalmente cambiaron de postura al entrar ella. Estaba segura de que andaban hablando de ella. Daría su vida si se equivocaba.

Había un ambiente de tensión, realmente incómodo. Azkar en sus brazos estaba tenso, mirándolos amenazante. Sin saludar siquiera, dio la vuelta y observó la comida que había en la encimera de la cocina. Había chocolate líquido, para echarse en un vaso, aparte de diversos dulces. Se echó chocolate y llenó otro vaso, un poco más pequeño, de leche para Azkar. Y se encaminó fuera de la cocina.

Mientras hacía todo eso, los demás estaban mudos. Habían sido pillados.

-Os dejaré para que podáis seguir hablando, no os preocupéis.-añadió con ferocidad mientras salía de la cocina. Sin que la vieran, sonrió ante el bufido de Azkar dirigido a ellos.

3 dic. 2011

Cazadora Capítulo 10 (primera parte)


Bueno, antes que nada deciros que esta parte es corta, sí  [no me matéis >.<]. Pero no tengo suficiente tiempo y me voy hoy de cumpleaños todo el día, con lo cual quizás no pudiera ni subirlo luego. Por esto decidí publicar lo que llevaba para algunas personas que sé que sólo pueden leer los sábados ;)
Aún así esperaré vuestros comentarios con muchas ganas:) Y respecto a la encuesta de arriba observé que hay gente que no comenta, si no lo saben, pueden comentar anónimamente, sin necesidad de tener cuenta de gmail u otra ;)

Besos y que disfruten de la lectura.

Las emociones bullían en Shena. Subió con rapidez las escaleras y entró a su cuarto, pero el ver todo el estropicio que había allí tan solo la alteró más. Respiró hondo y soltó todo el aire. Sus pertenecías estaban desparramadas por todo el suelo de la habitación. Se puso a ordenar todo con rapidez y soltura, decidiendo acabar con ello cuanto antes. Terminó justo para ver cómo el anaranjado atardecer daba paso a una brillante luna. Sonrió hacia ella. Su luz la inundó, alejando todos sus pensamientos. Observó las estrellas, se mimetizó con ellas.

La puerta de la habitación se abrió, pero ella no lo notó, estaba conectada con la Luna.

Una mano la agarró del brazo, sacándola de su concentración. Se giró de golpe, apartándose y adoptando una postura de defensa. Pero era tan solo era Kian, que le miraba desconcertado, una expresión que solía mostrar cuando estaba con ella.

-La cena está preparada, Shena.-exclamó, bajando la mano que estaba tendida hacia ella y saliendo de la habitación, sin dirigirle otra mirada.

Shena se preguntaba cuánto tiempo había estado contemplando el cielo que se abría ante ella.

Cogió una pequeña manta que se pasó por los hombros. Estaba empezando a refrescar.
Bajó la escalera, oyendo de fondo la risa de Kian y Natalia. Olía bastante extraño, pero no del todo desagradable cuando se asomó por la puerta de la cocina. Natalia fijó la mirada en ella, no del todo amistosa, con lo cual Shena soltó un imperceptible suspiro y entró sin vacilar. Los saludó con la cabeza, se sirvió un plato del extraño guiso y salió fuera. Necesitaba el aire nocturno.

Se sentó en el mismo árbol caído en el que Kian se había comunicado con Natalia esa misma tarde y probó una cucharada de la comida. A punto estuvo de escupirla. Contenía Fiane, un tipo de especie repulsiva para las hadas. Podía haber jurado que el guiso lo preparó Natalia.
Hambrienta, dejó en el tronco el plato lleno y se adentró en el bosque. Si Natalia cree que entraría como una idiota a por otra cosa era una ilusa. Pidió a las plantas de su alrededor información. Descubrió que a unos cientos de metros había una mata de zarzamoras, con unos frutos maduros y apetitosos. Se dio un buen atracón de ellos, dando las gracias se alejó de la planta, que en unas pocas semanas tendría de nuevo frutos.
Caminó por el bosque durante un buen rato,  estaba feliz. Estaba en su elemento. Abrió sus alas y flotó por encima de suelo, dejando que el viento jugara con ella. Rió durante un buen rato. Hasta que oyó el crujido de unas hojas secas.

Posó sus pies en el suelo y dirigió su mirada hacia donde procedía el ruido, expectante. De entre la maleza escuchó un dulce maullido. Se acercó al arbusto, de donde salió un gato negro con ojos amarillos. Shena lo reconoció. Era el gato que había visto unos días atrás en la ventana de la posada. ¿Qué hacía aquí? Lo miró bien, estaba herido.

Caminó con rapidez  lo cogió en brazos. El animal tenía unos horribles cortes en el costado que no dejaban de sangrar. Shena literalmente voló hacia la cabaña, impulsada por el viento que le ayudó. Entró sin pensarlo dos veces y ni miró hacia el salón de donde provenían sus voces. Fue a la cocina, donde cogió una gran toalla suave y la puso sobre la mesa, colocando al felino sobre ella.

-Te voy a curar esas horribles heridas.-aseguró al animal dándose la vuelta y comenzando a preparar todo lo necesario para el ungüento.

Al sentir el ruido de golpes en la cocina, Kian acudió.
-¿Shena?-preguntó extrañado.

Ella simplemente señaló con la cabeza al gato, sin dejar de preparar todo. Mientras, Kian se quedó mirando por un rato al animal, que a su vez también había fijado su mirada en él.

Terminó rápidamente todo y se acercó al gato. Acarició con ternura su cabeza mientras le advirtió que escocería, que no fuera a arañarle por eso. El gato la miró y cerró sus ojos. Una muestra de confianza. Comenzó a aplicarle el ungüento y el animal se puso tenso, con la otra mano lo acarició donde no estaba herido, tratando de tranquilizarlo. Tuvo que aplicarle en la pata trasera, donde con su aguda visión observó un pequeño pero profundo corte. Terminó y lo vendó con cuidado.

A todo esto, Natalia también había estado observando, pero Shena no se había dado cuenta hasta que terminó con el gato.

-Me iré a mi cuarto, buenas noches.-comentó mientras rodeaba suavemente al gato con la toalla y se encaminó hacia su cuarto.

-Buenas noches a ti también, Shena.-comentó con acidez Natalia, pero esta vez no le afectó. Era consciente del cansancio del felino en sus brazos.

Entró con rapidez a su cuarto y lo dejó sobre un pequeño sofá, el gato casi se había dormido.
-Que duermas bien pequeño.-deseó Shena acariciándolo con mimo una vez antes de levantarse y meterse en su cama.

Shena pensó en lo grande que era el gato en sí, casi el triple que un gato común. Quizás sea mestizo de alguna otra raza. 
Se sobresaltó cuando algo saltó a su cama, pero escuchó el ronroneo del gato y sonriendo, abrió un poco las sábanas y el gato se tumbó pegado a ella, ronroneando aún más fuertemente. Shena se durmió acariciándolo, sin ningún perturbador pensamiento que le pudiera ocasionar pesadillas.

26 nov. 2011

Capítulo 9


Kian se despertó con tranquilidad, esa noche había dormido como nunca. Aún recordaba la canción que Shena le cantó con su melodiosa voz. En su cabeza se repetía una y otra vez.
Miró por la ventana, el Sol se halla casi justo sobre la casa, lo que quería decir que se acercaba la hora de comer, se había saltado el desayuno.

Kian se levantó de la cama con cuidado, pero echó cuentas de que nada le dolía hoy. Aún así prefirió no quitarse los vendajes. Salió del cuarto y bajó las escaleras siguiendo el delicioso olor que seguramente procedía de la cocina. La estampa que encontró allí le dejó algo receloso.

Shena se encontraba cocinado, mientras Lyan le hablaba alegremente y ella tarareaba una canción alegre, diferente a la de la noche anterior. Sin que ella lo notase, Lyan la observaba, cada movimiento no le pasaba desapercibido. Kian observó a Lyan un rato más, pero Shena se dio cuenta de que estaba allí.
-¡Kian! Buenos días, por lo que veo te has levantado, ¿te encuentras mejor?-le preguntó.

 -Sí, creo que todas las heridas se han curado ya.-afirmó sonriendo.

-Ya era hora de levantarse, bello durmiente.- comentó Lyan por hacer la gracia, pero ni Kian ni Shena rieron.

-Voy a tratar de hablar con Natalia, a ver si se encuentra por aquí.-dijo mientras dirigía una mirada a Lyan y posó sus ojos en los de Shena levemente.

***
Shena siguió a lo suyo. Lo que estaban preparando no era muy complicado, un par de muslos de conejo a la plancha para cada uno que ella misma había cazado esa mañana con su arco.

Había mejorado mucho con el arco.

El cantarle ayer esa canción a Kian le trajo todos los recuerdos de su infancia, sobre todo del último año que pasó con su madre, cuando tenía doce años. De eso hacía más de cincuenta años. Las hadas viven mucho y no envejecen. Para las sociedades de las Hadas, ella sería aún una niña, pero una niña que había tenido que sobrevivir por su cuenta empezando de cero y con miedo al mundo.

Terminó lo que estaba haciendo y salió fuera a avisar a Kian. Lo encontró sentado en el tronco de un viejo árbol caído, con una sonrisa tonta en la cara y mirando a la nada. Ella sabía que estaría hablando con Natalia.
***
“-De acuerdo, nos vemos entonces a la tarde. Hasta luego Kian”

Kian se quedó pensando en lo que Natalia le había comentado. El Linch no había atacado el pueblo, se conformó con atacarlos, más bien con atacarla a ella. Shena.

Notó cuando ella salió de la casa, seguramente para avisarlo de que la comida ya estaba preparada. Asintió hacia ella mientras se levantaba y caminaba hacia la casa. Pero se puso alerta cuando advirtió que Shena se había quedado paralizada. Su mirada estaba dirigida al bosque. Kian giró lentamente sobre sí mismo, dispuesto a interponerse entre el peligro y ella, pero no halló nada.
-¿Shena? –exclamó girándose de nuevo a mirarla. Pero ella le dio la espalda rápidamente y entró en la casa, dejándolo fuera y desconcertado. ¿Qué había visto?

La siguió dentro, pero cuando subió las escaleras y le cerró la puerta en la cara, logró vislumbrar que sus ojos se habían oscurecido, había perdido la concentración en el simple conjuro de ilusión, algo la había descolocado por completo. Pero sabía que ella odiaría que la vieran así, débil. Si deseaba comunicarle qué le pasaba, ya se lo contaría después.

Bajó a la cocina, donde no vio por ninguna parte a Lyan. Pero el olor de la comida le llamaba. Se sirvió un gran plato de carne. Nada más por el olor podía adivinar que sabría genial y no se equivocaba. Mientras comía le dio vueltas a todo. Natalia se había estado hospedando en una de las posadas de Phyro, mientras había estado tratando de encontrarlo, a la vez que tomó nota de que el torneo empezaría en apenas quedaban seis días para el torneo. Por eso ella contestó efusivamente en cuanto se puso en contacto con ella. Le reclamó detalles del porqué de su desaparición, pero lo relató levemente, sin muchos detalles. Conocía a Lia desde hacía más de diez años, pero no le revelaría el secreto de Shena, si ella lo decide, lo contará.
Terminó de comer y dejó el plato en el fregadero, Lyan lo lavaría después junto con lo suyo.

Ni Shena ni Lyan aparecieron a comer, así que exasperado salió al jardín de la casa, donde se sentó en el suelo, mirando al cielo, aceptando el calor que el Sol le transmitía, su elemento, el fuego.

***
Kian no podía verla. Se había mimetizado con las sombras del bosque. Era invisible a él y  a todo lo que le rodeara, pero no se sentía segura.

Todavía seguía dándole vueltas a lo que vio en el bosque. Creyó ver por un momento el rostro del Linch…pero, ¿serían imaginaciones suyas? ¿Estaba actuando como una loca?
 
A demás, se descontroló completamente. Su cuarto en esos momentos era un desorden completo. Cuando se encerró en él, el viento a su alrededor había creado un pequeño remolino…y sentía que ahora mismo volvía a pasar, no, tenía que controlarlo. Se sentó en el suelo y descansó la espalda apoyada en el árbol, mientras invisible, observaba a Kian.

***
Kian mientras tanto se sentía incómodo, necesitaba hablar con Shena, saber qué le ocurrió. Deseando ponerse a hacer algo y dejar un poco de pensar en ella, prendió fuego en su mano. A él no le quemaba la piel, solo tenía una ligera sensación de calor, algo muy reconfortante. Empezó a crear pequeñas formas, a manipular la llama.

Lanzó una pequeña bola de fuego a un árbol cercano, su tronco se ennegreció levemente. Lo repitió otra vez, pero esta vez, el fuego se apagó y dispersó antes de llegar siquiera a tocar al árbol. Se levantó, curioso y sorprendido por lo ocurrido, hasta que vio unos dorados ojos en la oscuridad. Shena estaba canalizando magia. Había leído que las hadas de la noche tenían tal cualidad, pero hasta ahora no lo había notado.

-No hieras sin razón a un ser vivo, Kian.-lo reprendió saliendo de entre las sombras, dejando que poco a poco el sol desechara su mimetización en la oscuridad.

-Perdón.-exclamó aún sorprendido.

Shena se acercó al árbol y posó su mano sobre esa zona, al apartarla la quemadura ya no estaba ahí. Kian se preguntó cómo lo había hecho, él no se lo había enseñado.
-Mientras tú te encontrabas indispuesto, he estado practicando…los árboles me ayudaban. Los más antiguos habían logrado vislumbrar diferentes luchas, me comunicaban los conjuros.-esta vez lo dijo sonriendo un poco.

-Pero lo has hecho sin pronunciar palabra.-exclamó Kian.

-No, lo susurré imperceptiblemente. Todavía me falta mucha práctica para lograr conjurar sin pronunciar.-Aseguró ella, mientras paseaba un poco.

-Me alegro que hayas aprendido más, sobre todo después de que no haya podido estar contigo.-dijo mientras caminó más cerca de ella, a su vez, Shena paró también de andar y lo miró.

-Tengo que hacerlo…no siempre estarás a mi lado Kian.-murmuró, girando la conversación hacia un lado inesperado. ¿Se estaba refiriendo que alguna vez se enfrentarían? Todavía estaba con la intriga de para qué quería ella juntar el tesoro. ¿Qué pediría la única Hada que queda de su especie? Casi seguro sería eso.

Una repentina tensión creció en el ambiente.

-¡Kian!-exclamó una conocida voz cercana a ellos. Los ojos de Shena se opacaron, volviéndose del azul azabache a su color ilusionado, el gris azulado. No se había dado cuenta de que ella echó abajo su conjuro. Quizás ni ella se dio cuenta hasta ahora. Estaba tensa.

-¡Aquí detrás Natalia!-gritó para que ella lo escuchara. A los pocos segundos una sonriente Natalia apareció, pero perdió algo de su sonrisa al fijarse en Shena. Corrió y abrazó a Kian.

-Maldito seas, no vuelvas a darme esos sustos.-masculló juguetonamente. El sonrió.

-Natalia esta es Shena, participará con nosotros en el torneo.-las presentó Kian. Natalia dirigió su mirada a regañadientes a Shena y se observaron unos segundos.

-Encantada de conocerte Natalia.-dijo Shena, con una extraña voz.

-Sí, igual.-masculló Natalia desechándola con la mirada y volviendo a dirigir su mirada a Kian.

Kian siseó por lo bajini, Natalia debería comportarse mejor con Shena…si supiera con quién hablaba en realidad. Eso le sacó una sonrisa.

-Vayamos dentro, está empezando a anochecer.-comentó Shena, adelantándose a ellos y entrando en la casa.-estaré arriba en mi cuarto, tengo cosas que hacer.

-De acuerdo.-comentó Kian, de todas formas tenía que ponerse al día con Natalia. Le dirigió un último vistazo mientras la observó subir por la escaleras.